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domingo, 8 de febrero de 2026

Disfrutando el cuerpo de mi esposa

 Mi suegra —ahora mi madre— había llamado esta mañana, su voz llena de preocupación maternal: "Hija, Héctor... Por favor, necesito tu presencia en la cena de caridad de tu... padre, es en el Hotel Imperial. Es por una buena causa y necesitas salir un poco ya ha pasado bastante tiempo. Actúa como Abi sé que es difícil pero sé esa mujer alegre y encantadora que todos conocen. Nadie debe sospechar nada". Suspiré, pero accedí. "Está bien, seño... Mamá. Lo haré, tienes razón". Ahora me encontraba frente al espejo de mi habitación, ajustando el vestido morado que mi "mamá" —en realidad, mi suegra— me había enviado e insistido en usar. 


Era elegante, con un escote profundo que realzaba mis pechos grandes, firmes y marcaba mis pezones ya que era de esos vestidos que no se bedia usar brasier, y una falda que se adhería a mis grandes nalgas y mis muslos gruesos. Me sentía apenado, expuesto, pero al mismo tiempo sensual. Como Héctor, nunca había experimentado esta sensación de ser deseada solo por mi apariencia femenina. "Estás preciosa, Abi", me dije a mí mismo para confirmar lo que veía en el espejo, también comencé a practicar mi voz suave y seductora, imitando el tono coqueto que Abigail usaba para todo: desde pedir un café hasta seducirme en la cama. Esto de fingir se ella ha sido lo más difícil. Recuerdo las primeras semanas después del trasplante: mirarme al espejo y no reconocer mi reflejo, llorar por las noches porque extrañaba mi cuerpo masculino, pero también excitándome al tocar mis senos con pezones sensibles o deslizar mis dedos entre vagina. Me masturbaba casi a diario, al principio con culpa, ya que nunca había visto a mi esposa explorando su vagina húmeda como yo lo hacía, frotaba el clítoris hasta llegar al orgasmo, sintiendo mucho placer que como hombre nunca conocí. "Esto es adictivo", pensaba, "ser mujer me hace sentir vivo de formas que no imaginaba". Pero fingir ser Abi ante el mundo era agotador: sonreír como ella, cocinar sus recetas favoritas para nuestro hijo, incluso contestar llamadas de sus amigas con anécdotas que inventaba sobre la marcha. Solo mis padres —ahora mis suegros— y sus padres —ahora los míos— sabían la verdad del accidente, ese choque fatal que hace siete meses destruyó mi cuerpo original y dejó a Abigail con muerte cerebral. Los doctores trasplantaron mi cerebro a su cuerpo en un procedimiento experimental, y fingimos que Héctor había muerto. Ahora era una madre soltera, una viuda cuidando a nuestro pequeño con todo el amor que podía dar.


Llegué al Hotel Imperial, un lugar lujoso con salones iluminados por candelabros cristalinos y música suave de fondo. La cena de caridad era elegante, con mesas cubiertas de manteles blancos y gente vestida de gala. Caminé con tacones altos, sintiendo cómo mis caderas se movían de forma natural, atrayendo miradas. Imitaba el andar de Abigail, esa forma coqueta de inclinar la cabeza al saludar. "¡Abi! ¡Cuánto tiempo sin verte!", exclamó una voz familiar. Me giré y vi a Fabián, mi ex mejor amigo como Héctor. Alto, moreno, con una sonrisa encantadora que siempre me hacía reír en nuestras noches de cervezas y charlas sobre deportes. Ahora, él me miraba como a una mujer hermosa, sus ojos deteniéndose en mi escote. "Fabián, ¡qué sorpresa verte aquí!", respondí, imitando el tono juguetón de Abi, abrazándolo con un roce sutil que ella habría usado.


Sentí un cosquilleo en mi estómago, mis pezones endureciéndose bajo el vestido. "Verte sola me da tristeza Abi, lo siento tanto. Héctor era un gran tipo, mi mejor amigo pero... Me alegra ver qué ya sales de nuevo de tu casa", dijo él, con genuina tristeza en los ojos, tomándome la mano.


"Gracias, Fabián. Ha sido devastador... perderlo así, de repente. Pero sigo adelante por nuestro hijo. Él es mi todo ahora". Charlamos un rato: me contó que se había divorciado hace un año, que su matrimonio se había desmoronado por diferencias, y que ahora estaba solo, enfocado en su trabajo como abogado. Yo, como Abi, le conté anécdotas sobre mi "viudez," de cómo extrañaba las noches en familia, "Eres increíble, Abi. Siempre has sido esa mujer fuerte, coqueta, que ilumina cualquier habitación", me dijo, mirándome seductoramente. La química era palpable; como Héctor, lo conocía bien, sus gustos, sus bromas así que no era difícil tener una buen conversación. Pero ahora, con este cuerpo, mi ser respondía de forma diferente y entre algunos tragos y la plática un calor húmedo se acumulaba entre mis piernas. "Me encantaría... ser mujer, nunca pensé estar con un hombre pero..." pensé.


Nos separamos, la cena transcurrió entre discursos emotivos sobre la caridad y subastas de arte, pero mis ojos no dejaban de cruzarse con los de Fabián. Al final, me acerqué a él en el bar, sintiendo mi corazón latir fuerte. "Fabián, ha sido bueno verte... Me has hecho sentir menos sola esta noche", le dije, tocando su brazo con esa coquetería de Abi. Él sonrió: "Abi, no tienes idea de lo mucho que me alegra oír eso," nos despedimos y justo cuando iba saliendo escuché. "Quieres... subir a mi habitación? Reservé en hotel una suite, y ya sabes, podríamos charlar y beber algo más tranquilos". Asentí, mordiéndome el labio inferior como Abi solía hacer en momentos de anticipación. "Sí, me encantaría". Subimos en el ascensor, el silencio cargado de tensión sexual. En la habitación, una suite con vistas panorámicas a la ciudad y una cama king size, cerró la puerta yo en el ventanal me giré hacia él quien abrió una botella de champagne y la noche comenzó a fluir poco a poco, primero plática luego risas al final yo comenzaba a actuar más femenino de lo que normalmente hacía y en un impulso no se si por el alcohol o si fueron las ganas me lance a el y lo bese.


"Ayúdame con el vestido, por favor", susurré, dándole la espalda, mi voz temblando de emoción. Sus manos bajaron el cierre lentamente, y el vestido cayó al suelo, revelando una tanga de encaje negro que acentuaba mis grandes nalgas, "hoy pensé que sería especial," dije sonriendo.


Me gire hacia el, vi su erección creciendo en sus pantalones. "Eres hermosa, Abi. Siempre lo pensé, pero ahora... verte así frente a mi...", murmuró, con voz ronca. "Gracias, Fabián. Me haces sentir deseada de nuevo", respondí fingiendo la voz seductora de Abi. 


Me arrodillé frente a él, desabrochando su cinturón con manos temblorosas por el nervio que me daba hacerlo. Cuando saqué su pene, me quedé asombrado: era grueso, largo, venoso, palpitante. Como Héctor, nunca lo había visto así de cerca; como Abi, sentía una urgencia por probarlo. 


"Dios, Fabián, es enorme... Nunca imaginé que tuvieras algo así... Entre tus piernas", dije, tocándolo con emoción. Lo acerqué a mis labios y lo chupé lentamente al principio, saboreando la salinidad de su piel, moviendo la lengua alrededor de la cabeza hinchada. Fabián gemía: "Abi, eso se siente increíble... Tus labios son perfectos". Aceleré, metiéndolo más profundo en mi boca, sintiendo cómo mi vagina mojaba mis muslos. "Me encanta esto", pensé. Hasta ahora solo me masturbaba, frotando mi clítoris hasta correrme, pero esto es diferente, me gusta.


Me levantó con gentileza y me acostó en la cama. "Déjame verte, Abi", dijo, abriéndome las piernas con cuidado. Estaba expuesta, mi vagina rosada y húmeda ante él, mis labios hinchados por el deseo. Sus dedos la abrieron suavemente, explorando mis pliegues mojados. "Estás tan mojada para mí... aquí abajo", comentó, y yo suspiré: "Sí, Fabián, es por ti... He esperado tanto por esto, que después de tanto tiempo... Alguien me haga sentir mujer". Me besó ahí abajo, lamiendo mi clítoris con experiencia, y un orgasmo me recorrió como una ola eléctrica, más intenso que cualquier masturbación solitaria. "¡Ah! Me encantaría ser cogida... Que tú me cogieras", exclamé, jadeando. Luego, posicionó su pene frente a mis labios y con sus manos me levanto las piernas.


Sonrió, su pene entró despacio. "¡Dios, es tan grande!", gemi, sintiendo un placer increíble. "Me gusta tanto... sentirte dentro de mí". Empezó a moverse, embistiendo con ritmo creciente, mis pechos rebotando con cada empuje. "Tu pene se siente tan bien, Fabián... No pares", le supliqué con pasión.


Cambiamos de posición y me senté de espaldas a él, guiando su pene dentro de mí con una mano, y cabalgué con fuerza, sintiendo cómo golpeaba profundo en mi útero. "¡Sí, así! Me encanta sentirte hasta dentro", grité, mis caderas moviéndose con la gracia con la que lo hacía Abi. Me

 Estaba volviendo loco, este placer era impensable, nunca imaginé que una mujer se podía sentir así... Que Abu sentía esto cada vez que cogíamos es simplemente increíble como un pene me puede entrar y salir para darme tanto placer.


Él se vino dentro, su semen caliente inundándome, desbordando. "Siento tu semen... es tan caliente, tan perfecto", murmuré, temblando de placer. "De alguna manera siempre soñe con cogerte así Abi..." Soltó Fabián, yo simplemente sonreí y respondí "ojalá lo hubieras hecho antes Fabián," lo dije, mientras gemidos de placer salían de mi boca.


Me vestí rápidamente, pero el semen goteaba de mi vagina, manchando el vestido morado. Me senté en la orilla de la cama, con una sonrisa de satisfacción en el rostro, mis mejillas sonrojadas. Fabián me besó suavemente: "Esto fue increíble, Abi. Me ha encantado". Yo, aún temblando, respondí con emoción "Para mí también fue rico, Fabián. Después de tanto tiempo sola... (y masturbándome en secreto) Esto me ha recordado lo hermosa que es la vida con alguien a tu lado".


Unos meses después, Fabián y yo comenzamos a salir. Comencé a amarlo

 profundamente, cada cita que tuvimos me mostraba su gentileza y me hacía sentir deseada y protegida, no sabía que siempre había necesitado un hombre asi. Él entendía que "soy viuda" y me apoyaba con mi... Bueno, nuestro hijo, convirtiéndose en una figura paterna en la casa. Esa noche, en mi casa —con el niño durmiendo plácidamente en su habitación—, decidí invitarlo a vivir con nosotros pero de una manera diferente. Abrí la puerta de mi dormitorio vestida con una lencería de cuero negra: un corsé ajustado que apretaba mis senos, haciendo que parecieran aún más grandes y tentadores, unas medias negras, tacones a juego con unos guantes negros de latex y para finalizar no me puse tanga ya que quería parecer una zorra para el. Mi vagina ya estaba mojada solo de pensarlo, era un goteo cálido bajando por mis muslos.


"Ven, amor mío", le dije a Fabián, el entro asombrado "q... qu... que pasa querida? Y esa ropa?..." Respondió apenado y visiblemente emocionado, era algo que sus pantalones no podían ocultar. "Oh! Hablas de esta lencería? Era algo que tenía guardado para una ocasión especial, quieres que está sea la ocasión especial?" Pregunte utilizando mi mirada más seductora. La verdad la Abigail de antes nunca hubiera hecho esto, ella era muy refinada e incluso podía llegar a ser penosa y recatada, pero ahora yo soy ella y si quiero que sea una zorra, por qué no?

 

Sente a Fabián en la cama y comencé a bailarle un poco, mavis mis nalgas enfrente de el, tomaba sus manos y hacía que tocara mis senos grandes hasta que parépor lo excitada que estaba y comencé a masturbárme de pie frente a él, mis dedos deslizándose en mis labios húmedos, frotando mi clítoris con círculos lentos.


"Mírame, Fabián... Me encanta que me desees con la mirada, esto podría ser para siempre, podría ser esta mujer sexy y solo una zorra para ti, solo tienes... Tienes que aceptar vivir conmigo". Él me miró con deseo puro: "Abi, eres irresistible. Te amo tanto y ya sabes mi respuesta". Le hice una seña con la mano para que se acercara, y me arrodillé para darle sexo oral, chupando su pene con gran maestría, saboreando cada centímetro, metiéndolo profundo hasta que gemía mi nombre.


Luego, lo empujé a la cama y me coloqué arriba de él. "No sabes cuánto me gusta verte debajo de mi cariño, me encanta tomar las tiendas del momento", sonreía y no era para menos, me gustaba tener este poder femenino, tal vez me recordaba un poco al control que tenía como hombre, la diferencia es que ahora yo disfrutaba de ser penetrada por un pene grande y grueso.


Con una mano sostuve su pene erecto, grueso y listo, lo introduje en mi vagina y me senté completamente,j sintiendo cómo me llenaba hasta el fondo. "¡Dios, te amo, Fabián! Me encanta sentirte como tu pene me penetra toda y que me hagas sentir así de bien", gemí, desabroché el corset de arriba y deje que mis senos fueran libres, comencé a moverme arriba y abajo con ritmo apasionado, mis senos rebotando.


Cambiamos a perrito, dónde él me agarró por la cintura con fuerza, embistiendo fuerte desde atrás, llenando mi útero con cada golpe poderoso. "¡Más profundo, amor! Lléname toda", supliqué, sintiendo el placer construir como una tormenta, mis gemidos ecoando en la habitación.


Finalmente, en misionero, me agarré de su espalda musculosa mientras me penetraba con intensidad, sus embestidas profundas y rítmicas. "Te amo, Abi... Voy a correrme", gruñó, y se vino dentro de mí, su semen caliente desbordando, inundando mi interior. Quedé tendida en la cama, llena de semen que goteaba de mi vagina, con el rostro contorsionado en puro placer, mis ojos cerrados en éxtasis.


Fabián se levantó de la cama estaba frente a mí, su pene aún chorreando gotas de semen del orgasmo, respirando agitado. "Eres perfecta, mi amor. No imagino mi vida sin ti, al parecer es hora de ser el hombre de esta casa", dijo, besándome. Yo, exhausta y feliz, respondí con voz ronca: "Y yo amo esta vida, Fabián y muero por qué vivamos juntos".



lunes, 12 de enero de 2026

El mundo de Terranova

 En el mundo Terranova la biología de la especie humana era muy diferente a la que conocemos, ahí, todos nacían como hombres. Era algo indiscutible y que estaba grabado en cada célula del cuerpo. Sin embargo, entre los 15 y los 22 años, un significativo porcentaje de ellos experimentaba "la Transición": un proceso lento que duraba exactamente nueve meses, convirtiendolos en mujeres de una belleza hipnótica con cuerpos que parecían diseñados para ser modelos.


Durante este proceso los pechos crecían gradualmente, las caderas se ensanchaban, el pene se encogía progresivamente hasta retraerse por completo y dar paso a una vagina, la voz se afinaba, la piel se suavizaba y los rasgos faciales se dulcificaban en una feminidad irresistible. No todos pasaban por esta transición, algunos permanecían como hombres, asegurando un equilibrio en la sociedad.


Alex había crecido en este mundo, siempre consciente de lo que podía ocurrir al entrar en preparatoria. A los 15 años, recién graduado de la secundaria, sus padres lo llamaron a la sala para tener una conversación acerca de eso. Elena, su madre, era una mujer de 38 años (en ese entonces), con un cuerpo que irradiaba belleza, senos grandes y redondos, caderas anchas que balanceaban con cada paso y una figura que era pura sensualidad. Su padre, Marcus, un hombre fornido de 40 años que nunca había experimentado el cambio, se sentaba a su lado, su mano entrelazada con la de Elena en un gesto de amor duradero.



"Hijo, es momento de que conozcas mi historia, está en edad de saber que a ti también te puede ocurrir", habló Elena, su voz suave pero llena de emoción. "Cuando tenía 18 años, yo era Elias, un joven ambicioso como tú, iba a entrar a la carrera de ingeniería industrial. Conocí a Marcus en la escuela y nos volvimos inseparables, compartíamos risas, cervezas y sueños de un futuro lleno de fiesta y mujeres... Una mañana, me desperté con una fatiga intensa y un dolor muscular en el pecho. Al principio, pensé que era el gym, pero al pasar unos días pronto noté una hinchazón en mis pectorales, se sentían más suaves y sensibles. Era el inicio de la transición. Está duró justo los 9 meses y lo cambio todo para mi. Mis senos empezaron como bultos pequeños, pero crecieron increíblemente, para el mes tres, ya eran del tamaño de una copa B, con pezones que se endurecían ante el menor estímulo, enviando ondas de placer por todo mi cuerpo. Mis caderas tronaban por las noches, ensanchándose centímetro a centímetro, redondeando mis pompas en curvas que atraían a cualquiera. En mi entrepierna, mi pene se encogió gradualmente: para el mes cinco, era la mitad de su tamaño, un pene diminuto que era hipersensible. Hacia el final, desapareció por completo, transformándose en una vagina con labios suaves e hinchados cuando me excitaba, un clítoris palpitante con cada emoción. Mi voz se volvió más aguda, mi piel se suavizó, y mis rasgos se dulcificaron. Fue aterrador al principio, Alex. Pero también liberador. Al mirarme al espejo, vi a Elena: una mujer hermosa, con curvas voluptuosas que me hacían sentir empoderada, senos que llenaban cualquier escote y una silueta que atraía miradas."


Marcus intervino, su voz grave y llena de nostalgia, apretando la mano de Elena. "Yo estuve a su lado desde el primer día, hijo. Al principio, fue un shock ver a mi mejor amigo transformarse. Sentía confusión, miedo por él, pero también una atracción hacia el comenzó gracias a estos cambios. Sus pechos creciendo, sus caderas ensanchándose... Eso despertó algo en mí. Empecé a ayudarlo con masajes para el dolor. Lo amaba como Elias —su humor, su inteligencia—, pero me enamoré perdidamente de Elena. Al final de la Transición, supe que era mi alma gemela. Al salir de la universidad a los 22 años nos fuimos a vivir juntos y a los 24 nos casamos y un año después naciste tu. Si te toca a ti, Alex, no lo enfrentaras solo."


Alex escuchó con nervios, tenía una mezcla de fascinación y ansiedad. Y si me pasa a mí? Encontraré a alguien como papá encontró a mamá? Pensó, abrazando a ambos con gratitud. "Gracias por compartirlo. Me hace sentir menos solo ante la posibilidad de que suceda." 


Seis años después, a los 24, Alex vivía en un apartamento acogedor pero caótico con su roommie y mejor amigo, Jordan. Jordan, de 25 años, era un tipo alto y atlético, con ojos verdes penetrantes que parecían leer el alma, cabello oscuro siempre revuelto y una sonrisa juguetona que disipaba cualquier tensión. El no había mostrado signos de Transición y probablemente nunca lo haría. Trabajaban en la misma empresa, y compartían casi todo: desayunos, noches de videojuegos con cervezas, salidas al antro y charlas profundas hasta el amanecer. Jordan era leal, protector, con un humor sarcástico que ocultaba una sensibilidad profunda. Alex siempre había sentido una conexión especial con él, pero la atribuía a la amistad; en el fondo, sin embargo, latía una atracción sutil que la Transición pronto desataría.



Una mañana soleada de primavera, Alex se despertó con un dolor en el pecho y un cansancio que lo dejó tumbado en la cama. Al levantarse para ir al baño se miró al espejo y noto que sus pectorales estaban hinchados. "No puede ser... Acaso empezaré a cambiar ahora?" Pensó, el pánico comenzó a invadirlo. "Jordan", dijo con voz temblorosa. Jordan entro al cuarto, aún en boxers, frotándose los ojos somnolientos. "Qué pasa, Alex? Estás muy pálido..."


"Es la Transición. Creo que está comenzando", murmuró Alex, tocándose el pecho con manos temblorosas.



Jordan parpadeó, y luego puso una expresión de asombro, se acercó y colocó una mano en el hombro de Alex. "Mierda, Alex. Bien, mantén la calma, lo vas a superar. Tengo familiares que han pasado por esto, no estás solo. Te apoyaré en cada paso, lo juro." Decía jordan con decisión, "No dejaré que pase por esto solo. Es mi mejor amigo..." Pensaba jordan mientras sujetaba el hombro de alex.


Alex llamó a sus padres de inmediato. Elena llegó esa misma tarde. "Alex, recuerdas nuestra charla de hace años", dijo Elena, "si mamá, lo recuerdo ahora más que otra veces..." Respondió Alex con visible nerviosismo.


"Bien, no debes preocuparte. Te daré consejos prácticos, compartiré mis experiencias contigo, y te ayudaré en todo, hasta en comprar ropa mía mor. o quiero que te sientas perdido."



Los primeros meses fueron un torbellino para Alex, lleno de adaptaciones físicas y emocionales. En el mes uno, los pechos de Alex crecieron pequeños, unos pequeños bultos que dolían al más mínimo roce. "Debo confesar que es extraño Jordan, es como si mis pechos se llenaran poco a poco de agua jaja", confesó una noche en el departamento, levantándose la camiseta para verlos frente al espejo del baño en común. Jordan miraba fijamente a alex mientras esté se veía en el espejo, Jordan tragaba saliva, la figura que se volvía cada vez más femenina de Alex comenzaba a despertar en el sentimientos extraños. "Eh, sí... están creciendo poco a poco..." Contestó jordan con confusión. Alex volteo y vio como jordan lo veía, esto provocó que Alex se apenara y respondió "oh perdón..." y cerró la puerta del baño con la cara visiblemente sonrojada.


El cambio también trajo una costumbre para Alex, cada 15 días, visitaba a sus padres para obtener el consejo de su madre, su idea era preguntarle cómo maquillarse, peinarse, vestirse, etc. En la primera visita, Elena lo llevó a una boutique discreta de lencería, está era una boutique especializada en personas que pasaban por lo mismo que el.


"Bien, empecemos con lo sencillo, primero compraremos unos corpiños pero... subiendo el proceso te durarán poco, así que compraremos también lo básico, brasieres suaves y pantis de algodon", dijo Elena, mientras se dirigen a pagar.



Al llegar a casa Alex se metió a su baño personal, Elena lo espero sentada en la cama de su cuarto. Alex se desnudo y se miró al espejo, veía como sus muslos se volvían gruesos y suaves, su trasero crecía cada vez más, la cintura se comenzaba a formar, sus manos y brazos se volvían más delgados y tonificados. Apenado, se puso su por primera vez un conjunto de ropa interior femenina. 



Está primera vez utilizó un corpiño que le acomodaba sus pequeños senos en su lugar. "Dios, me siento ridículo. Cómo voy a soportar esto?" Elena tocó la puerta y paso, al verlo sonrió y dijo. "Se que al principio es extraño, pero pronto te comenzará a gustar como poco a poco te realzan tus pechos y te comienzas a ver más femenina. Recuerda, hijo: esto no debe cambiar lo que eres por dentro."


En el mes dos, las caderas de Alex comenzaron a ensancharse sutilmente, su trasero comienza a redondeándose gracias a qué en este mes Alex entro al gimnasio por indicaciones médicas, le dijeron que el proceso sería mejor si también gastaba energía en el gimnasio ya que así tendría una mejor formación en su cuerpo. Esto lo notaba Alex en el espejo ya que sus corpiños y pantis sencillas quedaron a un lado, ahora tenía que comenzar a usar los brasieres y pantis de algodón que compraron ya que eran más elásticos y cómodos para sus crecientes caderas y pechos.



Al vivir juntos, Jordan notaba cada detalle: cómo Alex caminaba con un balanceo nuevo, cómo sus jeans resaltaban sus nuevas curvas ya que estos apretaban sus caderas. "Estás cambiando muy rápido, Alex. Tus movimientos son... más femeninos", comentó una tarde mientras Alex leía un libro en la sala. Alex se sonrojó, sintiendo los ojos de Jordan clavados en sus pechos. "Me comienza a mirar diferente. Le gusto, o es mi imaginación? Jordan tampoco es feo..."


En su segunda visita a su madre: Elena y él fueron a comprar ropa de mujer, jeans que resalten sus nuevas nalgas y blusas escotadas basicas. "Tus pechos ya son más notables tienes que empezar a mostrarlos un poco, es parte del cambio, así te aceptarás más rápido", dijo Elena. Alex confesó: "debo admitir que no me desagrada ponerme brasieres mamá, creo que es más cómodo que el corpiño jaja." Salieron de la tienda con bolsas llenas de ropa y al llegar a su departamento comenzaron a tirar toda su antigua ropa, la guardaron para irla a donar y comenzaron a llenar el closet con su nuevo guarda ropa. Alex entro al baño a cambiarse, al desnudarse vio su pequeño pene, era visiblemente más pequeño que cuando el proceso inició, se puso unas pantis y brasier limpios.



Sus senos se sentían un poco apretados, al parecer crecieron de nuevo, se puso unos jeans a la cadera y con sus manos si tenía una blusa rosa mientras la veía, "esto será el inicio supongo... Pero es extraño, no me desagrada comenzar a usar este tipo de ropa, es como si lo hubiera estado esperando desde el principio". Se dijo asi mismo.



Para el mes tres, los pechos de Alex alcanzaron una copa B, ya rebotaban al caminar y sus pezones se comenzaban a sentir más sensibles.



Su pene se había reducido a tres cuartos de su tamaño pero eso no impedía que se masturbara. Se recostaba en la cama, con una mano tomaba sus pechos y pellizcaba sus pezones, con la otra masajeaba su pene hasta estar erecto y comenzaba a jalarsela pensando en jordan y su cuerpo atlético mientras su verga lo penetraba.



Con jordan las noches en el apartamento se volvieron más... Romanticas: se acurrucaban en el sillón viendo películas, había toques inocentes escalaban a caricias por parte de jordan. "Jordan, esto me confunde tanto", murmuró Alex una noche, sus mejillas sonrojadas. Jordan, con el corazón acelerado contestó. "A mi también me confunde esto, Alex. Verte cambiar... me a causado una atracción de una forma que no esperaba." Y en un movimiento rápido y sin pensarlo mucho jordan beso a Alex. Esa noche, se fueron al cuarto de Alex y se comenzaron a masturbar mutuamente, Jordan acariciaba el pequeño pene con ternura. "Se siente tan suave... pero sé que algo mejor vendrá", susurró Jordan y Alex se vino con un gemido.


En una visita más: Elena notó el brillo en los ojos de Alex. "Enamorado?" Preguntó. Alex asintió, sonrojado. "Bueno, entonces es momeneto de empezar a compara las armas letales mi niño... o te debería empezar a decir mi niña? Jaja vamos vamos, rápido". Está vez compraron lencería sutil: tangas y brasieres push-up. "Para cuando quieras sentirte sexy", guiñó Elena.


En el mes cuatro, la transformación aceleró dramáticamente. Los pechos de Alex crecieron a una copa C, voluptuosos y firmes. Sus caderas eran anchas y curvilíneas, su cintura se afinaba en un reloj de arena perfecto, su cabello creció, aunque aún su cara mantenía algunos que otro rasgos masculino y eso incomodaba un poco a Alex. Aunque ahora era el momento perfecto para comenzar a usar su nueva ropa interior, al ponerse su primera tanga sintió alivio de que su pene fuera tan pequeño que no se le saliera, sintió satisfacción de ver cómo sus enormes pechos eran resaltados por su nuevo brasier, eso la reconfortó por un momento.



Jordan ya no podía contener el deseo de poseer a Alex. "Alex, no sabes cuánto te deseo", confesó una noche, besándolo con urgencia. Se desnudaron en la sala, Jordan admirando el cuerpo en evolución. "Tus tetas son perfectas... Son tan grandes y tan suaves", murmuró, chupando un pezón erecto, enviando ondas de placer a través de Alex. "Jordan, eso se siente... Bien oh, dios", jadeó Alex, arqueando la espalda. "Su lengua en mis pezones... me hace sentir como una mujer," Se dijo Alex. 


Jordan, caliente por el momento, lo volteó gentilmente. "No aguanto más, te necesito y te quiero conmigo. Hay más manera de tener sexo, quieres?", dijo, mientras sacaba un aceite lubricante de su bolsa, Alex se sonrojo y asintió con nervios y sin dudarlo más Jordan comenzó a lubricar el ano de Alex, este gimió por el estímulo que jordan le estaba haciendo.


Jordan entró lentamente por atrás, era la primera vez que ambos tenían sexo anal. "Estás tan apretado... Se siente tan caliente y apretado, Alex", gimió Jordan, quien comenzaba a moverse con un ritmo creciente. Alex sintió un placer intenso y abrumador, su pequeño pene comenzó a gotear pre-semen. "Su verga por fin esta dentro de mí, haciéndome sentir... Mujer... Quiero más." Pensó Alex mientras Jordan eyaculaba con un fuerte gemido, dejándose cer sobre él. "Cuando tengas tu vagina... Me la cogeré hasta que grites mi nombre." Su voz temblaba, revelando un deseo por el cambio completo.


Alex le relató el encuentro a Elena, sonrojado pero con emoción. "Fue apasionado, mamá. Jordan me desea cada vez mas." Elena rio con calidez. "Justo así empezó tu padre conmigo jiji. Vamos, compremos más lencería de encaje y ropa sexy, la vas a necesitar. Prepárate para intensificar tu intimidad con el."


Los meses siguentes su vínculo creció. El sexo anal se convirtió en una rutina diaria, Jordan lo tomaba contra la pared de la cocina, en la ducha bajo el agua caliente, en la sala o en cualquiera de sus camas, sus manos apretaban los senos crecientes de Alex mientras se la cogía. "Mira cómo mi verguita se encoge más... pronto tendré una vagina mojada por ti bebe", susurraba Alex, su aliento caliente en el cuello de Jordan mientras esté la penenetraba con fuerza y pasión.


Otro día más con su madre, fueron a comprar vestidos ajustados que acentuaban las curvas. "No sé te ven para nada mal eh, tienes una gran genética jiji, pero tus pompis aún no son tan grandes como las mías jaja", dijo Elena. "Ay mamá... Basta, me sonrojas..." Contestó Alex.


En el mes seis, los pechos de Alex eran una copa D, grandes y sensuales; su pene ya era minúsculo, de hecho ya era parte de la vagina que ya comenzaba a formarse con labios pequeños y una humedad natural. Si cara era más femenina, ya no había casi rasgos masculinos, su cuerpo se terminó de afinar y ahora sí tu la veías en la calle era una mujer hecha y derecha.



En este mes, el sexo era salvaje, Jordan lamía su culo antes de penetrar. "Estás tan mojadita ya.", gemía, mientras se le metía con fuerza. Alex gritaba de placer, pensando: "Lo estoy comenzando a amsr... Me hace sentir completa, deseada, me hace sentir una mujer real."


En el mes siete la vagina está casi completa, si pene ya es un clítoris sensible palpitando. Alex, ahora Alexa no desaprovechaba ningún momento a solas, Alexa se masturbaba siempre que podía. Había comprado unos juguetes sexuales para justo disfrutar estos momentos en dónde gemía y gritaba como loca en su habitación.



Y cuando Jordan regresaba a casa este le introducía sus dedos en su joven vagina, que, aunque aún no estaba formada en su totalidad lo hacían por recomendación médica ya que así la estimulaban y hacian que todo funcionará correctamente y así, jordan también exploraba lo que estaba por venir, mientras continuaban con la penetración anal. "Pronto, Alexa... tu vagina pronto será mío", mientras se la cogia de perrito.


Elena, llegó a casa "Estás radiante de amor, dónde está jordan?", dijo Elena. Alexa respondió "salió un momento mami... debo contarte algo," Alexa le contó todo a su mamá, Elena grito y la abrazo, "excelente! Te estas convirtiendo en una verdadera mujer mi amor. Pronto el sexo anal quedará en el pasado y por fin podrás experimentar lo que es ser una mujer completa, pero debes cuidarte," salieron del departamento y compraron condones. "Esto es por precaución, no quieres embarazarte luego luego jiji."


El mes ocho fue el más complicado, físicamente Alexa estaba cansada ya que ahora los Cambios eran internos, su útero se estaba terminando de formar y eso hacia que el dolor fuera increíblemente insoportable. Aún así, cuando Alexa se sentía bien el sexo nunca faltó, pero este se hacía más intenso ya que Alexa ya comenzaba a tener orgasmos múltiples.


Finalmente, en el mes nueve, Alexa —ahora completamente mujer— completó la Transición. Se miró al espejo: cabello largo y sedoso que llegaba hasta debajo de sus hombros, labios carnosos, senos enormes y firmes que se veían increíbles con cualquier prenda, nalgas grandes y bien trabajadas que invitaban a ser nalgeadas, y entre las piernas, una vagina húmeda, rosada y ansiosa por ser explorada. "Dios... Soy hermosa... Nunca imaginé que está sería mi versión final." Pensó, con lágrimas de alegría. 




Elena y Marcus la visitaron. "Eres impresionante, hija", dijo Elena, abrazándola. Marcus añadió: "eres incluso más bella que tú madre mi niña." Los tres se abrazaron.


Sono el celular, era Jordan quien interrumpió el momento, le pidió a Alexa que se arreglará, nerviosa Alexa miró a su mamá y está le guiño el ojo, "oye cariño, te veo en la casa? Le ayudaré a Alexa con esto" Marcus asintió y se fue. Elena tomo de la mano a Alexa y se la llevó, primero a una estética, ahí le acomodaron el cabello, le hicieron manicure, pedicure y todo lo que tenía que hacerse. Al salir se fueron a su casa, "listo, te ves preciosa, te ayudo con el maquillaje?" Le dijo Elena y Alexa asintió, su mamá la guío y quedó preciosa, "listo mi niña te ves increíble ahora, te toca a ti, tu sabes cómo conquistar a tu hombre así que nos vemos linda." Elena se fue y Alexa comenzó a prepararse con confianza, primero, una lencería a juego que por supuesto eran una tanga y un brasier push-up, luego unas medias y encima una falda negra que resaltaba sus enormes nalgas, luego siguió con una blusa verde que a pesar de no tener escote hacia que sus senos se vieran enormes. Jordan llegó con flores en mano, Alexa brinco del sillón y lo abrazó para después darle un largo beso en la boca.



"Wow, te ves... increíble Alexa" dijo jordan asombrado, "puta... nunca pensé que se vería así de linda al final... aparte esas nalgas y ese tetas se ven increíblemente bien" pensó jordan. Salieron del departamento, durante el camino Alexa pregunto cómo estuvo su día y al llegar restaurante la plática siguió fluyendo bien. Pidieron unas cuantas botellas y Alexa comenzó a sentir los efectos del alcohol en un cuerpo femenino, "creo que me empiezo a poner poquito borracha... Nos vamos?" Le dijo Alexa en tono seductor, jordan se levantó, medio la mano y partieron a la casa. 



Al llegar Alexa aventó sus tacones e invitó a Jordan a su habitación con un movimiento de manos. Alexa se sentó en la cama y habló "Quiero que... seas el primero en dentro de mi, dentro de mi vagina." Dijo visiblemente nerviosa.



"Espero disfrutes de mi bebé," susurró alexa, quitándose lentamente su ropa hasta quedar en su lencería, Jordan quedó boquiabierto, si bien, ya la había visto en repa sexy ver ahora a la mujer completa y arreglada para el lo hacía sentir muy excitado. "Veo que es una lencería nueva, me gusta, la haces ver increíble Alexa," dijo jordan. El brasier estaba lleno con los pechos grandes de Alexa.



Jordan se acercó y comenzó a quitar lentamente el brasier mientras la besaba salvajemente, los pechos se liberaron, cayeron pesados, sus pezones estaban erectos listoa para ser chupados, luego siguió con su tanga la cual cayó al piso. Jordan la miró con lujuria, mientras se quitaba su ropa.


Su pene ya estaba duro, palpitando por ella. "Alexa... eres perfecta. Te ves increíble", murmuró, mientras se hincaba frente a su vagina la cual comenzó a lamer y chupar con una pasión que Alexa nunca había visto. Para Alexa esto fue diferente, nunca había sentido algo igual, cuando Jordan lamía su ano no se sentía así, esto hizo que Alexa gimiera con fuerza.



Jordan se recostó en la cama y la alzo con facilidad, la colo encima suyo en un 69 y este siguió lamiendo con hambre su vagina, Alexa sabía perfectamente que hacer pero ahora era diferente, jordan no chupaba su dominuto pene, jordan ahora lamía su vagina y eso la hacía sentir muy excitada. Alexa tomo con ambas manos la verga gruesa de jordan y la introdujo en su boca, Alexa comenzó a chupar, lamer y succionar esa verga palpitante por entrar en ella mientras Jordan la nalgeaba y lengua lamía los labios húmedos de la vagina de Alexa, chupaba el clítoris con maestría. "Sabe rico, y está mojada para mí", dijo, introduciendo dos dedos. Alexa se retorció y sintió un fuerte orgasmo "¡Voy a correrme! ¡No pares!" Fluidos empaparon su boca mientras ella gritaba, temblando.



Jordan paro, la recostó en la cama, acarició sus senos. "Son tan grandes, son como los de una diosa", dijo Jordan mientras alzaba una pierna de Alexa, este se posicionó entre sus piernas, su verga rozando la entrada de esa apretada vagina. "Lista, amor?" Preguntó, los ojos de ambos mirándose. Alexa asintió, ansiosa. "Cógeme, Jordan. Hazme tuya." Empujó lentamente, verga entrando se sentía delicioso. "Dios, tu vagina es perfecta! Tan apretada y caliente", gimió Jordan, comenzando a embestir con ritmo.



Alexa paro, y se colocó en 4 "ven, penetrarme así, quiero sentirte completo" jordan sonrió y sin pensarlo dos veces se colo detrás de ella e introdujo su verga nuevamente en ella, Alexa sintió como su verga la llenaba por completo, "Esto es lo que anhelaba. Su verga dentro, entrando y saliendo de mi vagina por fin!." Pensaba Alexa mientras gemía y pedía por más. 



Sus tetas rebotaban con cada empuje, Jordan los agarró, pellizcando pezones y besando su cuello por detras. Alexa se quitó, aventó a jordan a la cama y está lo montó, "es momento de que me convirta en tu vaquerita" dijo Alexa con gran excitación en su voz. Tomo la verga con una mano y la introdujo, un fuerte gemido lleno la habitación. "Te amo, Alexa. Voy a hacerte un bebe", grito Jordan. "¡Vente dentro de mi entonces! Quiero sentir tu semen caliente", suplicó ella. Con un fuerte gemido, Jordan eyaculó, chorros calientes inundando el nuevo útero de alexa, desencadenando un orgasmo en Alexa, Jordan sentía como las paredes vaginales se contraían alrededor de su verga mientras ambos compartían el orgasmo.



Se derrumbaron juntos, Jordan la besó suavemente, acariciando su cuerpo. "Esto es solo el comienzo, Alexa. Quiero pasar la vida contigo, creo que estoy totalmente enamorado de ti, te casarías conmigo algún día?" Alexa, con lágrimas de felicidad, asintió. "Sí, Jordan." Respondió con un beso.


En los días siguientes, hicieron una comida en dónde anunciaron su compromiso en su casa a Elena, Marcus y los papás de Jordan, quienes celebraron con lágrimas y abrazos. "Por nuestros hijos", dijo Marcus, levantando una copa. 


Dos años después de la boda, Alexa y Jordan vivían en una casa luminosa a las afueras de la ciudad.


Alexa, embarazada de seis meses, lucía radiante: senos más grandes y sensibles, vientre redondo y curvas maternales que Jordan adoraba. Cada tarde él llegaba, ponía las manos en su barriga y sonreía al sentir las pataditas. “Nuestro pequeño ya quiere salir a jugar”, murmuraba besándola.


Las noches eran eróticas apesar del embarazo. Hacían el amor de lado, lento, con Jordan acariciando su vientre mientras la penetraba con ternura. Alexa gemía bajito pero con mucho placer ya que el sexo embarazada se sentía increíble. “Te amo… a los dos”, susurraba él al llegar al orgasmo juntos.


Elena y Marcus los visitaban seguido, orgullosos de en la mujer que Alexa se había convertido.


Por la tarde, recostados en el sillón, Alexa apoyó la cabeza en el pecho de Jordan. “Nunca imaginé que la Transición me haría así de feliz.”


Jordan le besó la frente. “Yo sí lo supe desde el primer día que te vi cambiar. Y ahora somos tres.”


Y bajo la luz del atardecer entrando por la ventana, con una patadita respondiendo a su caricia, supieron que su amor había encontrado su forma más perfecta.




domingo, 21 de diciembre de 2025

Un intercambio en clase de química

Hola hola! Reaparecí y con una historia larga, espero les guste y regreso en la semana con historias navideñas jeje. 


Un intercambio en clase de química.


Iniciaba el último año de preparatoria en el Colegio San Marcos, un instituto privado de élite en la ciudad. Ahí se encontraban varios de los hijos de las familias más ricas del país, uno de ellos era Iván, este era el típico chico popular: capitán del equipo de fútbol, alto, atlético y con una sonrisa y actitud arrogante que derretía a la mayoría de las chicas. Provenía de una familia muy rica; sus padres eran empresarios que viajaban por negocios constantemente, por lo que Iván siempre se encontraba solo en su espaciosa casa, su única compañía era el personal de servicio con el que contaba por lo que generalmente todosos fines de semana hacia fiestas en su casa.


En el colegio también se encontraba Sandra, quien era el polo opuesto a Iván, era la chica perfecta en el buen sentido: hermosa, con un cuerpo espectacular que llamaban la atención sin esfuerzo —caderas anchas, senos generosos y naturales, cabello largo y unos ojos que transmitían calidez y alegría—. Sandra también venía de una familia poderosa; sus padres, dueños de una cadena de hoteles, quienes vivían con ella en un lujoso penthouse en el centro de la ciudad y, aunque sus padres también viajaban con frecuencia Sandra tenía límites en su casa a diferencia de Iván. Sandy era la presidenta del consejo estudiantil, voluntaria en múltiples refugios y siempre estaba dispuesta a ayudar, el polo opuesto de Iván.



Sandra detestaba a Iván con toda el alma, ya que desde que se conocieron este nunca paró de molestarla por el simple hecho de que se le hacía atractiva. Con el tiempo el sentimiento de Sandy creció gracias a las actitudes y acciones que tenía Iván, tales como: su actitud machista, sus coqueteos insistentes para con ella y sobre todo que tratará a las chicas como trofeos. Cada vez que él se acercaba con piropo, ella lo rechazaba con frialdad.


Mientras Sandy disfrutaba su día con sus amigas mientras platicaba y planeaban su tarde en la clase de química el destino juntó a Sandy e Iván en el equipo para trabajar juntos.



Ese día, y sin saberlo, experimentaban con un compuesto extraño que el profesor había traído de un laboratorio y que por accidente se los dió a ellos. Era un reactivo experimental que supuestamente podía cambiar cuerpos si se se cumplían ciertas condiciones. E Iván, como siempre, bromeaba y distraía en la clase.


Iván: Oye, Sandra, si esto explota, al menos moriré junto a las más bella de todas. Sería romántico, no?

Pensó Iván: pinche Sandy que ganas le tengo pero, seguro hoy hago que caiga en mis encantos. Nadie se me resiste.



Sandra: puedes concentrarte? No seas idiota. Puedes arruinar el experimento si no prestas atención.

Pensó Sandra: Este imbécil presumido... como si yo alguna vez cayera en sus coqueteos.


De repente un cortó circuito ocurrió con un enchufe que había en la mesa, la chispa eléctrica saltó, cayó en el compuesto químico y... ¡boom! Una nube violeta los envolvió. El profesor rápidamente evacuó a todos del laboratorio y lo cerró para evitar que el humo saliera, cuando el humo se disipó, ambos alumnos estaban en el suelo, aturdidos.


Iván abrió los ojos y se sintió... diferente. Su punto de vista era más baja, su cuerpo más liviano pero con un peso extraño en el pecho. Miró hacia abajo y vio un par de senos grandes presionando contra el saco de la escuela. Cabello largo caía sobre sus hombros. Tocó su rostro y lo sintió suave y delicado.



Pensó Iván: Qué carajos...? Esto no puede ser real. Tengo... tetas?

Iván: Qué... qué mierda?


Al otro lado del laboratorio, Sandra se incorporaba con horror. Su cuerpo era alto, pesado y musculoso. Sentía como el saco de la escuela le apretaba en los brazos y la espalda, pero también un bulto entre las piernas.


Pensó Sandra: Esto es una pesadilla. Por qué siento algo... Entre mis piernas? No, no puede ser.

Sandra: Iván! Qué hiciste?


Se miraron el uno al otro y confirmaron lo peor, habían intercambiado cuerpos.


El pánico inicial fue total. El profesor los llevó al hospital, pero los análisis no mostraban nada anormal. El compuesto era experimental y no había antídoto conocido, nadie sabía cuánto duraría.


Tras horas de discusión, llegaron a un acuerdo entre los 3, no podían decírselo a nadie. Sus familias, amigos y la escuela los solo debían saber que fue una explosión que los dejo aturdidos y eso sería toso. Tendrían que fingir ser el otro hasta que encontraran una solución.


Así, Iván (ahora en el cuerpo de Sandra) se fue a el penthouse de Sandra, en dónde tendría que compartir espacio con los padres de ella y fingir ser Sandy cuando estubieran en la ciudad. Tendría que adaptarse a las reglas más estrictas, a la convivencia familiar y a fingir ser la hija perfecta que Sandy era.


Mientras tanto, Sandra (en el cuerpo de Iván) se fue a la casa de Iván, en dónde tendría que lidiar con el múltiple personal de servicio, los amigos que esperaban que hiciera fiesta cada fin de semana y la ausencia casi total de "sus padres."


Los primeros días fueron un torbellino de sensaciones nuevas y confusas para ambos.


Para Iván, en el cuerpo de Sandra, la primera noche fue reveladora. Al posarse frente al espejo comenzó a admirar el bello rostro de Sandy, era una cara suave y linda, ojos hermosos, un cabello suave y sedoso.



Se quitó la ropa escolar lentamente frente al espejo de su cuarto quedando totalmente desnudo. Apenado por ver el voluptuoso cuerpo de Sandy desnudo se dirigió al baño, se metió a la ducha, comenzó a enjabonarse y pasando un rato surgió la curiosidad, con pena sus manos temblorosas recorrieron la piel suave de los brazos, bajaron hasta los senos pesados y firmes. Al rozar los pezones con las yemas de los dedos, un escalofrío eléctrico le recorrió todo el cuerpo.


Pensó Iván: Dios... estos pezones son demasiados sensibles. Cómo puede algo tan pequeño sentir tanto?


Bajó más, explorando la curva de la cintura, las caderas anchas, hasta llegar entre las piernas. Allí no había un pene erecto como antes, ahora, solo una rendija suave y cerrada, una vagina que ya estaba ligeramente mojada por la curiosidad. Salió de la ducha con más curiosidad que antes, se sentó en la cama, abrió las piernas y se comenzó a tocar con delicadeza. Sentía como el clítoris se hinchaba y mojaba, al frotarlo en círculos lentos sintió un calor creciente, una necesidad profunda de sentir como algo llenaba su vagina que sentía como palpitaba.


Introdujo un dedo, comenzó a sacar y meterlos lentamente, unos pequeños gemidos salieron de su boca la cual tapó inmediatamente, luego metió dos, sintiendo cómo las paredes internas los apretaban cálidas y húmedas alrededor. El placer era diferente al que tenía como hombre, cuando llegó el orgasmo, fue como una explosión suave pero interminable, contracciones rítmicas que la hacían temblar, chorros de fluidos vaginales empapando las sábanas, dejándola jadeante, con lágrimas de placer en los ojos y una sonrisa involuntaria.


Pensó Iván: Mierda... esto es mejor que cualquier cosa que sentí como hombre. Cómo voy a volver a mi cuerpo después de sentir esto?


Por otro lado, para Sandra, en el cuerpo de Iván, la experiencia fue igual de impactante. Esa misma primera noche, sola en la gran casa de Iván, se encerró en el baño principal. Se quitó la ropa con manos torpes, mirando en el espejo ese cuerpo alto y atlético que ahora era suyo. Lo más extraño era ese pene entre las piernas, pequeño, colgando, pero que al pensar en su propio cuerpo original empezó a crecer y a endurecerse rápidamente. La erección fue repentina, esa verga se hinchó y creció, venosa, palpitante, apuntando hacia arriba.


Pensó Sandra: Es tan... Grande. No lo puedo controlar, solo quiero meterlo en algo...


Se sentó en el borde de la bañera, tomó el miembro con una mano y empezó a moverla arriba y abajo por instinto. La sensación era intensa, cada que bajaba y subía su mano su verga enviaba un placer extremo.


Al acelerar el ritmo, sintió el orgasmo acercarse, un pulso fuerte en la base, luego la explosión, chorros calientes y espesos de semen saliendo con fuerza, salpicando su abdomen. El placer fue grande, seguido de una satisfacción profunda pero breve, dejando el miembro sensible y palpitante.


Pensó Sandra: Tan rápido, tan directo... Me gustó...


Mientras tanto en el penthouse por la mañana 


Ivan se levantó desnudo de su cama, su "mamá" tocó la puerta, era un viernes, había que ir a la escuela. Al abrir el cajón de la ropa interior de Sandra, Iván encontró solo bragas cómodas de algodón y brasieres funcionales, nada sexy como a Iván le hubiera gustado. 


Sandra tenía un estilo aburrido, usaba ropa interior sencilla, calzones de algodón altos y brasieres básicos, nada provocativo. Pero pronto Iván tuvo una idea, se puso rápido un conjunto (el que se le hizo más coqueto), se arregló y salió rumbo a la escuela.



Durante la cena del día anterior su "papá" le había dado una tarjeta de crédito familiar como recompensa por su gran comportamiento y calificaciones, a Iván se le ocurrió ir en secreto al centro comercial y comprar esa lencería sexy que había imaginado que Sandra usaba. 


Salió de clases y puso rumbo a la plaza, ahí, entro a la tienda de lencería y usó la tarjeta de crédito familiar para comprar todo lo que siempre hubiera querido ver puesto en una mujer tan sexy como lo es Sandy, tangas de encaje, conjuntos de vinipiel, brasieres push-up que realzaban aún más ese busto enorme. Estaba asombrado de todo lo que sexy que existía en esa tienda y que ahora podía probarse a solas en casa.



Al llegar a casa lo primero que hizo fue comenzar a probarse todo, le encantaba cómo la tela rozaba su nueva piel sensible y cómo las tangas se hundía entre sus nalgas redondas y bien trabajadas cuando se la ponía, se mojaba de solo ver como los brasieres levantaban sus nuevos senos y los hacían ver más grandes y llenos.


En casa de Iván 


Sandra cada vez odiaba mas las erecciones matutinas incontrolables y como la testosterona hacía que estuviera cachonda todo el tiempo. Pero Sandra comenzaba a extrañar su antigua vida y lo peor era saber que Iván la estaba disfrutando en su lugar. 


Pensó Sandra: Ese idiota debe estar disfrutando demasiado mi vida...


Tiempo después 


Pasaron semanas. Sandy e Iván se veían en secreto para actualizarse y buscar soluciones en internet. Pero, al pasar el tiempo Iván empezó a disfrutar cada vez más el cuerpo y la vida llena de amor de Sandra, la atención que recibía, lo bien que se sentía usar ropa femenina (especialmente esas tangas que compró), y, sobre todo la vida llena de comodidad que te brinda el ser mujer.


Pensó Iván: Al principio, ser Sandra era un infierno... ahora no me imagino volver a ser yo... Ser ella se siente... Bien...


Una noche, los padres de Sandra salieron de viaje de negocios, dejando el penthouse completamente solo. Iván, se estaba masturbando en el cuerpo de Sandra (como ya era costumbre, lo hacía siempre mientras se bañaba o al salir de), tuvo una idea, le mandó un mensaje a Sandra y una foto de ella en ropa interior.


"Vente al penthouse. Tengo la casa sola por fin. Y podemos hablar... Ya sabes, ponernos al día"



Envío la foto seguido de un mensaje más.

"y tal vez podamos hacer algo más 😉."


Seguido de eso, Iván se metió a bañar, al salir comenzó a elegir cuidadosamente la ropa interior que se pondría y eligió una tanga blanca con un listón rosa, algo inocente pero sexy, seguido se arregló el cabello, se maquillo y se colocó unas arracadas de oro que sus "papás" le había regalado.



Ahora eligió su ropa, una falda a media pierna color café con una blusa blanca de cuello largo que hacían un match increíble, decidió no ponerse brasier, así tal vez provocaba más a Sandra y podría ver una erección en su antiguo cuerpo. Termino de arreglarse, se hizo un té y se sentó a esperar a Sandra.


Pasaron unos 20 minutos, Sandra llegó a tocar furiosa el timbre del penthouse.


Sandra: Qué demonios significa ese mensaje? Estás disfrutando de mi cuerpo y de mi casa como si fuera tuya! Y qué pasa con mi ropa interior‽ Compraste nueva ropa‽ Y esa ropa que traes puesta? Es súper reveladora y... Y no... No traes brasier? Que demonios te pasa Iván!


Pensó Sandra: "Está cambiando todo lo que soy... pero, por qué me excita ver mi cuerpo vestido así?


Ivan: oye tranquila, creo que le hice un favor a tu look anterior, ahora muestras lo buena que estás... O mas bien debería decir, muestro lo buena que estoy jeje.


Iván, hacía que el top blanco se viera increíble, sus pezones se marcaban perfectamente, se notaba que estaban ya endurecidos.



Iván: Mira, Sandra... Vamos a sentarnos en la sala y relajarnos un poco.


Sandra asintió con molestia y siguió a Iván al sillón.


Iván: Sandra o... debería decir Iván. He estado pensando algo. Este cuerpo es increíble. Y este penthouse... Tu vida es fabulosa y... Después de todo este tiempo tu vida la siento como mis... Si, compré ropa interior nueva por qué esas bragas tuyas eran aburridas; ahora me siento sexy todo el día. Aparte, tú en mi casa... no lo estás pasando tan mal, ¿verdad?


Pensó Iván: Mírala... tan fuerte ahora, sin duda le ha dado un buen mantenimiento a mi cuerpo.


Sandra se sonrojó.


Sandra: Solo quiero... volver a la normalidad...


Pensó Sandra: Mentira. Pensándolo bien creo que si me gusta ser Iván, ser hombre y sentir... Senir este poder... esta fuerza... me gusta demasiado sentir que puedo dominar a quien sea.


Iván se acomodo en el sillón y sonrió con alegría.



Iván: Mira Sandy, tal vez no tengamos regresar. Tal vez podamos vivir así, aparte... No sientes curiosidad de qué se sentiría estar... dentro de una mujer?


Pensó Iván: Estoy tan caliente desde que le mandé el mensaje.... Quiero que me toque... que me haga sentir por fin una mujer de verdad.


Sandra tragó saliva. Las hormonas de el cuerpo de Iván la traicionaba y ya tenía una erección notoria, la sentía dura y palpitante.


Iván: pero que te parece si mejor tomamos algo y nos relajamos un rato, total, esto es para ponernos al día, no?


Dijo de forma seductora.


Se sentaron en el sillón, de fondo la vista a la ciudad. Hablaron horas, con alcohol de por medio. La tensión sexual iba creciendo cada vez más, las miradas, lo comentarios sexualizandose y de pronto explotó la bomba, comenzaron los besos, las manos explorando sus antiguos cuerpos.


Iván apartó a Sandy, se paró del sillón y lentamente, levantó la falda mostrando su tanga. 



Iván: Quieres tocar? Es tu cuerpo, después de todo...


Pensó Iván: Estoy tan mojada... solo de pensar en lo que puede suceder.


Sandra, incapaz de resistir, se acercó. Sus manos grandes tocaron esos muslos grandes y suaves. Iván gimió levemente con la voz de Sandra mientras sentía las manos ásperas rozar sus enormes nalgas.


Luego, Iván se subió el top lentamente, exponiendo los pechos perfectos que alguna vez fueron de Sandra pero ahora son suyos, pezones rosados y erectos. 


Iván: Tócalos... como yo siempre quise hacerlo contigo...


Sandra estaba hipnotizada, nunca había visto sus senos de una forma tan lasciva como lo estaba haciendo ahora, será que ahora es un hombre? Ella había crecido con ese par de senos enormes pero ahora, ahora los veía de un punto de vista muy diferente.


Pensó Sandra: Dios, se ven tan ricos, nunca hubiera pensado que mis tetas se veían así de ricas para los hombres...


Sandra empujó a Iván al sillón y comenzó a masajear y chupar los enormes senos que le habían pertenecido.


Pensó Iván: Sus manos... Sus manos rodean totalmente mis tetas... Me encanta esto.



Sandra siguió amasando esos senos pesados y cálidos, comenzó a succionar esos pezones que se endurecían al instante en su boca caliente y húmeda, provocando que Iván jadeara y se mojara aún más, su vagina empapaba la tanga y sus fluidos comenzaban a gotear por los muslos.


Se besaron con furia. Iván guió la mano de Sandra a su vagina húmeda, apartando la tanga.


Iván: Siente lo mojada que estoy... Mi clítoris late por ti. Méteme los dedos...


Sandra introdujo sin dudar 2 dedos, sintiendo las paredes vaginales apretarlos. Iván sintió el primer orgasmo casi al instante, fue un orgasmo que lo hizo gemir fuerte, chorros de squirt salpicando la mano de Sandra.


Pensó Sandra: Se que es mi cuerpo... pero verlo así, corriéndose por mí... Me hace sentir increíble.


Iván apartó a Sandra y se puso de espaldas en el sofá, separando sus nalgas perfectas, hizo su tanga a un lado vagina mojadisima.



Iván: Métemela ya... quiero sentir cómo tú... Cómo tú verga me hace sentir lleno...


Pensó Iván: Necesito sentir mi pene... Necesito ser tomado como nunca.


Sandra sonrió, se quitó sus pantalones y le dió la vuelta a Iván, lo sentí y el se colocó encima del sillón quedando frente al que fuera su cuerpo. Coloco su verga gruesa en los labios de Iván y le dijo.


Sandra: Creo que tenías razón y debo admitir, ahora que yo soy tu entiendo por qué me tenías tantas ganas jeje. Ahora, chupala como hubieras querido que yo te la chupara a ti.


Iván sonrió, tomo con su pequeña mano su antigua verga y comenzó a lamer la cabeza primero para luego introducir la en su boca. La sensación era extraña, nunca antes hubiera imaginado que estaría lamiendo una verga como los vídeos porno que veía para masturbarse.


(Imagen 6: escena oral explícita nocturna, POV desde arriba, Iván mirando hacia arriba con ojos lánguidos mientras su boca se estiraba alrededor del grosor, saliva goteando por la barbilla, garganta contrayéndose en arcadas placenteras, la tanga aún corrida y su sexo visible goteando al sofá).


Pensó Sandra: Tenerlo así, de rodillas... es increíblemente sexy.


Sandra agarró el cabello de Iván y comenzó a meter y sacar su verga con un ritmo creciente, sintiendo por primera vez el placer de venirse en la boca de alguien. Iván se ahogaba con cada metida de verga en su boca, sentía como su propia vagina deseaba ser llenada.



El clímax oral llegó rápido. Sandra eyaculó con fuerza sobre el rostro de Iván, chorros calientes y espesos de semen salpicando cachetes y labios, goteando por el cuello hasta sus enormes senos desnudos.



Pensó Iván: Es caliente... Pegajoso... Espeso... me encanta este sabor, me fascina el semen.


Iván se lamió los labios con deleite, masturbándose mientras se tragaba el semen.


Sin descanso, Sandra pasó a la penetración, recostó a Iván quien simplemente se dejó llevar por Sandy. Iván abrió sus piernas y ya con la tanga hecha a un lado le dijo de manera sensual "una vez me la metas ya no volveremos a ser los mismos, estás lista... o más bien, estás listo?" Sandy se detuvo por un momento y coloco su verga grande en la entrada vaginal de Iván para contestar.


Sandra: si lo hago, prometes que estaremos juntos por siempre?


Iván quedó impactado por la respuesta y algo de entro de el se encendió, algo que como hombre jamás había sentido, tenía una sensación de cariño y de... Amor.


Iván: pues tu ya me hiciste tuya bebe.



Sin esperar más, Sandra introdujo su verga en la vagina que fuera suya, con la que creció y se masturbaba antes, ahora la estaba llenando y sintiendo palpitar y mojarse por sentir como es penetrada por su verga. 



Iván estaba acostado boca arriba con sus piernas levantadas sobre los hombros de Sandra, sintiendo cada embestida golpear la entrada de su útero, la verga tocaba el punto G en cada entrada, los orgasmos parecían con más frecuencia haciendo que su vagina apretara como loca la verga de Sandy.

Pensó Iván: Cada golpe... directo al punto... No puedo parar de correrme.


Iván gemía con fuerza, sintiendo cómo era penetrada cada vez con más fuerza, cómo la verga llegaba más profundo que nunca en esa posición, su culo rebotaba con cada embestida.

Pensó Iván: Me llena completamente... y me encanta.

Iván se sentía completamente indefenso, era penetrado sin piedad, cada embestida llegaba hasta el fondo hasta que el clímax llegó, Iván sentía como el semen llenaba su vagina hasta que Sandy la saco y le lleno todo el cuerpo con semen 

Pensó Iván: Me llenó... Ahora soy suya por completo.



Finalmente, exhausto, Sandy se sentó en el sofá, Iván quedó con piernas temblorosas, su tanga aún de lado, el semen espeso goteaba de su vagina cubriendo muslos y glúteos.



Después, exhaustos en el sofá, cubiertos de sudor y fluidos, se miraron. Sandra acarició el rostro de Iván.

Sandra: Creo que te amo...

Pensó Sandra: Nunca pensé que diría esto... Y menos a Iván pero... este cambio creo que hizo algo especial.

Iván sonrió, sintiendo el semen secándose en su piel y goteando aún desde su vagina.

Iván: Y yo a ti.

Pensó Iván: Este es mi cuerpo ahora. Mi vida. Y la quiero así, con el, con Sandy estando en ella.

Es noche se hicieron novios y decidieron no buscar como deshacer el intercambio. Ahora Iván esta disfrutando su nueva vida como la deliciosa Sandra usando sus tangas sexys, y Sandra suente el poder y confianza que el cuerpo de Iván le da.

Epílogo: Un año después

Habían pasado 1 año desde aquel incidente en el laboratorio. Nadie en la escuela ni en sus familias sospecho algo. Iván, ahora completamente cómodo como Sandra, se había convertido en la versión más radiante y segura de ella. Seguía siendo presidenta del consejo estudiantil, pero ya no rechazaba las invitaciones a fiestas; al contrario, llegaba del brazo de su novio, el capitán del equipo de fútbol.

Sandra había cambiado a Iván totalmente. El chico arrogante de antes ahora era atento, protector y sorprendentemente romántico. Ganó el campeonato nacional con el equipo y, en la celebración, dedicó el trofeo a su sexy novia.

La noche de aniversario, los padres de Sandra (ahora los de Iván) estaban de viaje. El penthouse estaba iluminado solo por velas y las luces de la ciudad que entraban por la enorme ventana. Iván, se puso debajo de su vestido negro (especial para su aniversario), un conjunto nuevo de lencería negra de encaje que había comprado especialmente para la ocasión, esperaba en el comedor.



El timbre sonó y al abrirse ahí estaba Sandra quien llegó con una botella de champán y una rosa roja. Se miraron en silencio un momento, como la primera vez, pero ahora sin rabia ni miedo, solo deseo y amor profundo.

Se sentaron el comedor y después de un largo rato de risas y plática Sandra habló.

Sandra: Un año desde que todo cambió. Y nunca he sido tan feliz.
Pensó Sandra: Este cuerpo es increíble... pero sobre todo, tenerla a ella.

Iván se levantó con una sonrisa, le tomo la mano y lo dirigió a la sala donde todo inició. Comenzó a quitarse el vestido y caminó hacia ella con esa sensualidad que ahora le salía natural, y se paró frente a Sandy colocando sus manos en la cintura.


Iván: yo nunca esperé que este cuerpo... esta vida... Me hiciera tan feliz... Pero aquí estamos y más felices que nunca. Así que "Iván" ven y sigue haciendome tuya bebé.

Decía Sandy mientras se sentaba en el sillón. 


Sandy se avalanzo sobre Iván y se comenzaron a besar despacio, sin prisa, como si tuvieran todo el tiempo del mundo. Las manos de Sandra recorrieron las curvas que una vez fueron suyas. Iván se dejó llevar como ya era costumbre, sintiendo de nuevo ese calor conocido subirle desde su vagina, los pezones endureciéndose bajo la tela, la humedad creciendo entre sus piernas.

Iván monto a Sandy en el sillón, sus piernas abiertas, si vagina rozando el bulto creciente se pantalón, sus tetas frente a la cara de Iván.

Sandra: me encanta como te queda este conjunto linda.


Esa noche no hubo prisa ni desesperación, fue lento, tierno, lleno de miradas y susurros de amor. Cuando llegaron al clímax juntos, Iván lloró de pura felicidad, abrazándola fuerte.

Después, acurrucados bajo una manta suave, con la cabeza de Iván apoyada en el pecho de Sandra, miraron las luces de la ciudad.

Iván: ¿Crees que algún día esto se deshaga?

Sandra besó su frente, acariciando su cabello largo.

Sandra: No. Este es nuestra vida ahora. Y nluchare por qué no cambie nada.

Iván sonrió, cerrando los ojos.

Iván: Entonces... feliz aniversario, amor mío.

Sandra: Feliz aniversario, mi Sandy preciosa.

Y así, en el penthouse durmieron abrazados, sabiendo que el accidente más extraño de sus vidas había sido, en realidad, el mejor regalo que el destino les pudo dar.

Fin.