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viernes, 22 de agosto de 2025

Intercambio universitario

 Lucas, un joven de 22 años, había estado enamorado en secreto de Sofía, su compañera de universidad. Desde el primer día que la vio en clases descubrió que Sofía era carismática, con una sonrisa que iluminaba cualquier habitación, que tenía un cuerpo perfecto y esculpido por horas en el gimnasio sumado a una confianza que hacía que todos se giraran a mirarla. Sofía era todo lo contrario a Lucas quien era más reservado, un estudiante promedio con un sentido del humor peculiar y una lealtad inquebrantable hacia las personas cercanas a el, pero también era un chico guapo pero con poca autoestima. Esto no impidió que Sofía y Lucas forjarán una buena amistad con el paso del tiempo.


Un día, mientras Lucas y Sofía trabajaban juntos en un proyecto en la biblioteca, encontraron un libro antiguo con un símbolo extraño en la portada. Al tocarlo al mismo tiempo, una luz cegadora los envolvió, y cuando abrieron los ojos, algo imposible había ocurrido: sus cuerpos se habían intercambiado. Lucas despertó en el cuerpo de Sofía, y ella en el de él. Confundidos, acordaron mantener el secreto y tratar de encontrar una solución, pero mientras tanto, debían vivir la vida del otro.


Lucas, ahora en el cuerpo de Sofía, se sentía abrumado por la situación, pero también fascinado. Estar en el cuerpo de su crush era una experiencia surrealista y sentía una curiosidad que lo incitaba a explorar sensaciones nuevas. Mientras Sofía (en el cuerpo de Lucas) se adaptaba con más calma.


Lucas, en el cuerpo de Sofía, llegó a la casa de ella ya que se había quedado de ver ahí con Sofía después de clases para investigar como revertir esto. Todo el día había intentado mantener la rutina de Sofía como ella se lo había explicado pero, no podía ignorar la curiosidad que lo consumía. Mientras Lucas esperaba a que Sofía llegara este comenzó a revisar el armario de Sofía, ahí encontró ropa interior de todo tipo que lo hizo sonrojar, "no puedo creer que este enorme culo quepa en estas tangas tan diminutas," pensó y volteó a mirarse en el espejo, no pudo evitar admirar las curvas perfectas de su cintura (o más bien de Sofía), los senos grandes y firmes, y por supuesto, la figura tonificada de ese enorme culo que ahora eran suyos temporalmente.


Impulsado por una mezcla de emoción y travesura sumado a qué Sofía no aparecía, decidió aprovechar la situación. Fue a una tienda para adultos y, con el corazón latiendo con fuerza, compró un vibrador con control remoto. No podía creer lo que estaba haciendo, pero la idea de experimentar algo tan íntimo en el cuerpo de Sofía era demasiado tentadora. Al volver a la casa, se aseguró de estar solo, comenzó a leer las instrucciones para no lesionar su nueva vagina, sonrió y dejo el control en la sala. Subio al cuarto y cerró las cortinas.


Ya en el cuarto se desnudó frente al espejo, la imagen de su nuevo cuerpo desnudo lo dejó sin aliento: unas buenas tetas, la cintura estrecha, las caderas pronunciadas. Se sentía como un intruso, pero también excitado por lo desconocido.


Se recostó en la cama, abrió sus piernas y encendió el vibrador, comenzó a explorar poco a poco su nuevo cuerpo con el, primero los pezones y luego su vagina, el sentir las vibraciones en sus labios exteriores le hacían gemir un poco las sensaciones eran intensas, abrumadoras. El placer lo envolvía como nunca antes, lo introdujo, cada movimiento del vibrador dentro de su vagina lo hacía jadear. Perdió la noción del tiempo, olvidando por completo que había dejado el control remoto en la mesa de la sala. También olvidó que Sofía no tardaba en llegar.



Sofia llegó a la casa, tocó la puerta y, al no recibir respuesta, usó la llave de repuesto que siempre dejaba en la maceta. Entró y notó un silencio extraño, pero el control en la mesa de la sala llamó su atención: un pequeño control remoto con botones de colores. Curioso, lo tomó y comenzó a presionar los botones, pensando que era parte de un dispositivo electrónico.



En la habitación, Lucas (en el cuerpo de Sofía) sintió una oleada de placer repentino e intenso, soltó un gemido fuerte de solo sentir como el vibrador, que había dejado dentro de él, comenzó a vibrar con más fuerza. "¡Oh, mierda!" Gritó, jadeando, mientras su cuerpo se estremecía. Intentó respirar para controlarse, pero las sensaciones eran demasiado fuertes y excitantes. Entonces, un destello de pánico lo golpeó: "el control remoto!" Recordó que lo había dejado en la sala, rápidamente se sacó el vibrador de su vagina y bajó a gran velocidad por la escaleras sin darse cuenta que iba desnudo a pesar de que sus senos iban rebotando por todos lados.



Bajo las escaleras y corrió hacia la sala. Al legar, se encontró con Sofía (en su cuerpo), sentada en el sofá, jugando con el control remoto como si fuera un mando de videojuegos.


"¡Sofía, para!" gritó Lucas, con la voz aguda y femenina de Sofía.


Sofía levantó la vista, y sus ojos se abrieron de par en par al ver su cuerpo desnudo frente a él. Sus senos perfectos, la piel blanca, las curvas que parecían sacadas de una revista. Se quedó congelado, con el control remoto en la mano, sin saber qué decir. "¡Dame eso!" Lucas le arrebató el control y lo apagó, se sentó en el sillón y suspiro de alivió con su vagina goteando todavía por las sensaciones.



De pronto un pensamiento llegó a lucas, "estoy desnudo... en el cuerpo de Sofía!" Se dio cuenta demasiado tarde de que estaba completamente expuesto. Rápidamente, tomó una almohada del sofá y la usó para cubrirse, sonrojándose intensamente.


"Eh... Lucas, ¿qué... qué está pasando?" balbuceó Sofía, claramente nerviosa pero incapaz de apartar la mirada de los que hace no poco eran sus senos.


"No es lo que crees Sofía," dijo, tratando de mantener la compostura. "Es una larga historia, pero... mierda, esto es incómodo."


Sofía frunció el ceño, confundida. " ¿Qué demonios estás diciendo? ¿Es una broma? Sabemos perfectamente que es lo que estabas haciendo!"


Lucas suspiró, aún sosteniendo la almohada. "Perdón Sofi... Se que estuvo mal pero... Pero de verdad me dió demasiada curiosidad saber que sentías tu como mujer..."


Sofía lo miró, escéptica, pero algo en la forma en que hablaba —el tono, las expresiones— le hacía confiar en Lucas. "¿Entonces solo fue eso? ¿Por qué no me lo comentaste antes? Pudiste mandarme un mensaje..."


Lucas guardo silencio avergonzado, Sofía se rió. "Dios, pudiste decirme y yo te hubiera dicho donde tenía mis juguetes jaja, aunque... este vibrador con control no tenía idea de qué era. Solo pensé que era un control raro. Pero... wow, parece que lo estabas disfrutando." Sus ojos recorrieron el que era su cuerpo, y aunque intentaba guardar la compostura, la atracción era evidente. "Y, eh... te ves... O me veo... increíble... Supongo..."


Lucas sintió un calor subirle por todo el cuerpo. Estar en el cuerpo de Sofía ya era suficientemente confuso, pero la forma en que Sofía lo miraba le hacía sentir algo nuevo, algo que no podía ignorar. Había una tensión en el aire, una mezcla de incomodidad y algo más... excitante.


"Sofía, no me mires así," dijo Lucas, aunque su voz temblaba ligeramente. La almohada apenas cubría lo suficiente, y la situación era cada vez más extraña.


"Lo siento, es que... eres yo, pero eres tú. Es raro, pero..." Sofía se acercó a un paso de distancia, su voz baja y grave. "No voy a mentir, verte así... Ver así a mi cuerpo me hace difícil no pensar en cosas que... Me hacían a mi para sentirme bien," Sofía tomo la pierna de Lucas con delicadeza.


Lucas tragó saliva. La idea era loca, pero el cuerpo de Sofía parecía responder por sí solo. Su piel estaba sensible, su corazón latía rápido, y la curiosidad que había sentido antes en la habitación regresó con fuerza. "¿Cosas? ¿Qué tipo de cosas?" preguntó, medio en broma, medio en serio.


Sofía lo miró a los ojos, y la tensión se volvió insoportable. "Sabes a qué me refiero."


Lucas, todavía sosteniendo la almohada, sintió un impulso que no pudo ignorar. "¿Quieres... quieres probar algo? Solo... por curiosidad."


Sofía parpadeó, sorprendida, pero no se echó atrás. "Estás hablando en serio, ¿verdad?"


Lucas asintió, dejando caer la almohada al suelo. El cuerpo de Sofía quedó expuesto nuevamente, y Sofía no pudo evitar recorrerlo con la mirada. "Solo... Vamos a... experimentar y ya." Decía Lucas mientras abría sus piernas y dejaba expuesta su vagina palpitante por sentir algo ma que un vibrador.


Sin decir más, Sofía se acercó, Lucas sintió un escalofrío cuando las manos de su antigüo cuerpo tocaron su cintura. Sofía se inclinó y comenzó a besar suavemente el cuello de Sofía, descendiendo lentamente. Lucas gimió, sorprendido por lo intenso que se sentía todo en este cuerpo. Cuando Sofía llegó a su pecho, comenzó a lamer suavemente los pezones de Lucas, después mordió delicadamente uno y Lucas dejó escapar un gemido que lo tomó por sorpresa.


"¿Estás bien?" preguntó Sofía, deteniéndose un momento.


"Sí... sigue," respondió Lucas, su voz temblorosa pero decidida.


Matías continuó, descendiendo hasta arrodillarse frente a él. Sus labios y lengua encontraron su antigua vagina, Lucas sintió una explosión de placer simplemente de sentir el aliento de Sofía cerca de los labios exteriores. Se recostó en el sofá, abriendo más las piernas por puro instinto, mientras, Sofía comenzó a explorar más con su lengua. Lo hizo como a ella le gustaría que le lamieran el clítoris, lento al principio, luego más intenso. Lucas no podía creer lo que estaba sintiendo; era como si cada nervio de su cuerpo estuviera encendido.




"¡Dios, Sofía!" gimió, y sin pensarlo, se giró y se puso en cuatro, apoyando las manos en el respaldo del sofá. "No pares, chupamela así ahora."


Sofia obedeció, se quitó los pantalones e intensificando sus movimientos con la lengua, incluso comenzó a introducir sus dedos en la vagina y podía sentir cómo palpitaba con locura. Mientras, Lucas se perdía en las sensaciones que Sofía la estaba dando ya que el placer era abrumador, diferente a cualquier cosa que hubiera experimentado antes.



Después de unos minutos, Sofía sintió que necesitaba más. Apartó a lucas, se giró y se sentó en el sofá, jaló a lucas hacia él y lo colocó con mucha facilidad en cima suyo.


"Ven aquí," dijo, con una mezcla de timidez y deseo. Lucas, sediento de placer comenzó a sentarse lentamente en el pene palpitante que alguna vez había sido suyo. Cuando sintió el pene de Sofía entrar en su nueva vagina, un gemido escapó de sus labios. Era intenso, casi abrumador, pero increíblemente placentero.


"¿Estás segura?" preguntó lucas, su voz fina y chillona.


"Sí... muévete," respondió Sofía, Lucas comenzó a moverse en un ritmo lento, sintiendo cada centímetro entrar y salir de el, nunca se había dado cuenta lo satisfactorio que podía ser su pene para las mujeres. Cambió a una posición de vaquerita invertida, apoyando las manos en pecho de Sofia, el placer se intensificó. "¡Más, por favor!" jadeó, incapaz de contenerse.


Sofía lo tomó de las nalgas y siguió el ritmo que traía Lucas, cada vez más rápido. Luego, Lucas se recostó en el sofá, jalo a Sofía hacia él y le coloco una pierna sobre el hombro "metemela toda," dijo Lucas con una voz sensual. La penetración de Sofía se volvió más profunda, más fuertes, y Lucas sintió una ola de placer que lo llevó al borde. Ahí sintió por primera vez un orgasmo femenino, el sentir como un pene llegaba hasta su nuevo útero lo estaba volviendo loco y cuando el orgasmo lo golpeó, su cuerpo se estremeció, y un gemido fuerte y sensual escapó de su garganta.



"¡Oh, Dios!" exclamó, jadeando.


Sofía no se detuvo. "Aún puedes?" Le pregunto, Lucas sonrió y se giró nuevamente, poniéndose en cuatro "al parecer tengo una ventaja llamada multiorgasmo" sonrió lucas e invito a Sofi a seguir con lo que estaban. Sofía introdujo el pene, Lucas gimió y le pidió que lo hiciera rápido y fuerte, que lo hiciera venirse con ella, Sofía sonrió y continuó, cada vez más rápido. "Esto es... increíble," dijo Lucas entre gemidos. "¿Cómo es para ti?"


"¿Bromeas? Soy... eres perfecta, puedo sentir como tú vagina aprieta mi pene pidiendo mi leche" respondió Sofía, su voz entrecortada. Los movimientos se volvieron más intensos, más profundos, hasta que ambos alcanzaron el clímax casi al mismo tiempo, sus cuerpos temblando de placer. Sofía saco su pene y dejo caer su semen en la espalda de Lucas mientras ambos sonreían y sus partes íntimas palpitaba por lo ocurrido.



Exhaustos, se dejaron caer en el sofá, respirando agitadamente. Lucas, todavía en el cuerpo de Sofía, se cubrió con una manta cercana, sintiendo una mezcla de euforia y confusión.


"¿Qué demonios acabamos de hacer?" dijo Lucas, riendo nervioso.


Sofía se rió también, pasándose una mano por el cabello. "No lo sé, pero... no me arrepiento. ¿Tú?"


Lucas la miró, todavía procesando todo. "No, supongo que no. Pero esto no puede salir de aquí. Y tenemos que arreglar este lío del intercambio de cuerpos."


"Totalmente. Pero, oye, si no lo arreglamos pronto... ¿podemos repetir?" bromeó Sofía, guiñándole un ojo.


Lucas le dio un empujón juguetón. "Cállate, idiota. Vamos a buscar ese maldito libro... Aunque si, si no encontramos la solución, claro que podemos repetir."


Y así, entre risas y una tensión que ahora era más cómplice que incómoda, comenzaron a planear cómo deshacer el cambio de cuerpos, sabiendo que lo que habían vivido cambiaría su amistad para siempre.

miércoles, 23 de julio de 2025

Salvando el matrimonio de mis padres 2

 Está vez les tengo una noticia triste. Ayer había (según yo) publicado la segunda parte de la historia y ahorita que voy viendo no fue así. La verdad era una parte muy larga y desafortunadamente no tengo backup de la misma así que yo creo que tendré que dejar la historia 🤷🏼‍♀️. Lo siento y si encuentro alguna manera de recuperar los archivos en mi block de notas la publicaré. 

martes, 10 de junio de 2025

Salvando el matrimonio de mis padres

 Luis, de 20 años, siempre había estado muy unido a su madre, Marisol, una mujer de 45 años. Marisol era una madre amorosa y una esposa dedicada a Juan, con quien llevaba 22 años de matrimonio. A pesar de su edad, Marisol era una mujer impresionantemente bien conservada: su cuerpo voluptuoso, con curvas pronunciadas, un pecho grande y su enorme trasero sumado a una cara hermosa la hacían parecer de no más de 30 años y la convertían en el centro de atención dondequiera que iba. 



Sin embargo, Luis descubrió algo que lo dejó devastado. Una tarde, mientras Marisol cocinaba Luis revisaba el celular de su madre para buscar un contacto y encontró fotos subidas de tono que Marisol le estaba enviado a su vecino Diego. Las imágenes mostraban a Marisol en ropa interior, posando de manera provocativa, con mensajes que dejaban claro que había un romance en curso. “Eres tan sexy, Diego, no puedo esperar a verte esta noche,” decía uno de los mensajes.



Luis sabía que si su padre se enteraba, el matrimonio de sus padres se derrumbaría, y sus hermanos menores, de 15 y 12 años, sufrirían las consecuencias. Decidido a salvar a su familia, Luis guardó el secreto y comenzó a buscar una solución.

Mientras paseaba por una plaza del centro de la ciudad encontró una tienda de antigüedades, en esa tienda encontró un libro polvoriento con una cubierta que le llamo la atención. Hojeando el libro encontró que era un libro que habla de magia y en el había un hechizo de intercambio de cuerpos. Al instante una idea llegó a su cabeza, la idea era arriesgada, pero parecía la única manera de detener el amorío sin que su padre lo descubriera.

Regreso a su casa y comenzó a leer el hechizo, este le permitiría tomar el cuerpo de su madre, acceder a sus recuerdos y así poder terminar la infidelidad desde dentro sin que nadie saliera lastimado, lo mejor de todo es que el hechizo le permitiría regresar cuando quisiera a su cuerpo original sin ninguna consecuencia o efecto secundario pero, su mamá se debería quedarse temporalmente en su cuerpo para que este no muriera, la ventaja era que su mamá no sabría nada acerca del cambio. 

Aunque sabía estaba mal Luis no vio otra opción, esto lo estaba haciendo por mantener a su familia unida y por qué qué la verdad siempre le había llamado la atención la vida de una mujer adulta, como sería ser su mamá? Esa noche preparo todo para hacer el hechizo y mientras sus hermanos dormían era el momento correcto para comenzar con su plan. 

Su padre, Juan, estaba de viaje por el trabajo, Marisol se arreglaba para lo que llamó una “noche de amigas” —claramente una excusa para verse con Diego—, Luis dió comienzo al plan, paso al dormitorio de sus padres, su madre se estaba bañando, Luis trago saliva y dudo por un momento pero, decidió seguir con el plan. El aroma a jazmín del shampoo de Marisol llenaba la habitación mientras luis debía tomar una pertenencia íntima de la persona con la que quería intercambiar como parte de los requerimientos del hechizo. Se dirigió al buró, abrio el cajón de ropa interior para tomar una pantie de Marisol, encontró un conjunto de encaje durazno que lo hizo sonrojarse, "es tan diminuto," pensó. Se fue a su cuarto y se recostó en la cama, colocó la pantie dentro del libro, como las instrucciones decían, seguido, coloco el libro mágico sobre su panaza  y recitó el hechizo con voz temblorosa.

Un calor intenso recorrió su cuerpo, al abrir los ojos, todo había cambiado. Miró hacia abajo y vio los enormes senos de Marisol solo cubiertos por su bata de baño, eran unos senos grandes, firmes y pesados que le estaban dando una nueva sensación a Luis quien apenas podía mantener en equilibrio el voluptuoso cuerpo de su madre. Se miro al espejo asombrado de que el hechizo fuera cierto, incluso se pellizco para comprobarlo y durante su trance recordó que su cuerpo estaba en su cuarto, debía comprobar que no haya muerto en el intercambio. 


Abrió la puerta del cuarto y si, ahí estaba su cuerpo, inerte en la que era su cama Luis abrió el libro y tomo con delicadeza los panties para no despertar a su antiguo cuerpo. Regreso a su cuarto y seguro de estar a solas dijo: "Dios mío, soy mi madre!", volvió a abrir el cajón con emoción y completo el conjunto que había tomado colocándose primero el brasier mientras se admiraba en el espejo, "esto es increíble, mi madre realmente es hermosa y con... Con un gran cuerpo."



Una vez sus senos fueron contenidos era momento de las pantis, las tomo con asombro, "como algo con tan poca tela podía cubrir el trasero enorme de mamá?" Esto en definitiva era algo nuevo. La sensación de tela de encaje del panti y como se amoldaba a su nueva figura comparada con la de uno de sus boxers era muy diferente pero, ya no era un hombre joven, debía vestirse como la señora sensual que ahora era.



Luis comenzó a maquillarse, era como si siempre supiera hacerlo y era obvio, ahora tenía todos los recuerdos de su madre. Sus labios carnosos pintados de un color sutil pero que le quedaba increíble, después de todo, su madre era bellísima y necesitaba solo poco maquillaje para resaltar aún más su belleza, el peinado no fue tan complicado solo se acomodó su cabello largo y ondulado y todo estaba listo. Luis se sentía sensual e irresistible, era como si su cuerpo reaccionara ante toda la emoción de sentirse su madre, una mujer poderosa y sexy, lo que provocó que un deseo ardiente comenzará a crecer en su interior.



Mientras se admiraba en el espejo los recuerdos de Marisol inundaron su mente, vio recuerdos del amorío con Diego: las noches furtivas con el, sus manos ásperas recorriendo el sexy cuerpo de su madre, los gemidos que escapaban de sus labios mientras él la tomaba y penetraba con una pasión que su padre no le había dado en años.


Luis decidió que lo primero que haría al ver a diego era terminar con el. Se terminó de arreglar, una blusa morada que resaltaba sus pechos, unos jeans ajustados que hacían ver a su trasero demasiado tentador y para finalizar un par de tacones para resaltar aún más sus caderas. 



Fue a su encuentro, habían quedado de verse en un hotel del centro de la ciudad, un hotel lujoso y sofisticado que Marisol había reservado cuidadosamente para no ser descubierta. Cuando Diego llegó y abrió la puerta del cuarto, sus ojos se iluminaron al verla. “Marisol, estás más hermosa que nunca,” dijo, acercándose para besarla. Luis, aunque incómodo, dejó que el beso ocurriera, sintiendo los labios cálidos de Diego contra los suyos. Su nuevo cuerpo reaccionó de inmediato: un calor húmedo se encendió entre sus piernas, y sus pezones se endurecieron bajo el sostén. “Para,” dijo finalmente, apartándolo con firmeza. “Esto se acabó, Diego. No puedo seguir engañando a Juan.” Diego intentó convencerla, sus manos deslizándose por su cintura, pero Luis fue tajante. Eliminó las fotos del celular y cortó todo contacto, regresando a casa con el corazón acelerado deshizo el hechizo y vio como su madre pensaba que todo lo que había ocurrido lo había hecho ella, el plan había funcionado pero, un deseo que no podía ignorar había quedado dentro de Luis.



Los días pasaron y Luis pasaba bastante tiempo dentro del cuerpo de su mamá, había encontrado cierto confort en ser ella y comenzaba a disfrutaba mas la vida como Marisol que como Luis. Estaba aprendiendo a amar a sus hermanos como sus hijos y curiosamente ser madre le resultaba sorprendentemente gratificante. Las cosas cotidiana en la vida de una ama de casa le resultaban bastante fácil gracias a los recuerdos de Marisol que le proporcionaba el hechizo y algo más que disfrutaba era las miradas que recibía de los hombres cuando salía de su casa, esas miradas le daban una gratificación que no sentía como hombre, se sentía hermoso.


A pesar de todo, había una situación en la vida perfecta de Marisol, su relación con Juan (su padre) era un problema. Aunque Juan amaba profundamente a Marisol, su deseo sexual había disminuido con los años, mientras que Luis, en el cuerpo de Marisol, sentía con un apetito sexual insaciable y eso el libro no lo advertia, Luis cada vez más se sentía con la necesidad de ser tomado y cogido por su papá y una noche, mientras se preparaba para dormir e intercambiar de cuerpo de nuevo para descansar siendo el tuvo una idea, se puso una lencería negra que su madre había comprado para modelarsela a Daniel, era semitransparente que dejaba ver sus curvas, se puso unas medias a juego y un par de tacones altos negros. Se veía irresistible para cualquier hombre y Luis lo sabía, "tal vez asi pueda lograr que mi padre satisfaga mi deseo," penso.



Salio del vestidor, se puso frente a Juan y deslizando sus manos por su pecho hasta llegar a su cintura subió una pierna a la base de la cama y hablo, “Juan, te necesito, hace meses que no me tocas y... necesito un hombre que me haga suya” dijo, para después empinarse frente a el y dejar a la vista el enorme trasero de Marisol el cual Juan no dudo en menear un poco y decir con seguridad "este culo te necesita, este culo... Necesita a su papi," con una voz sensual pero al mismo tiempo nerviosa, era decir algo que nunca hubiera imaginado decir antes pero ahora, ahora er auna mujer que necesitaba de su esposo... O más bien, de un hombre que la haga sentir mujer.



Juan trago saliva y respondió con una mirada sensual, la jaló hacia el, y Luis comenzó a manosear el pene que lo había hecho, sentía como ese pene se comenzaba a erectar entre sus manos pero cuando las cosas comenzaron a calentarse, Juan se detuvo. “Estoy muy cansado, mi amor. Mañana, te lo prometo, ahora deja me meto a bañar” dijo, Juan se levantó y dejo a Luis frustrado. Luis se quedó mirando como Juan se iba al baño y cerraba la puerta mientras él se quedaba sentado en la cama sintiendo como su vagina palpitaba por las ganas de querer una verga dentro de ella. El deseo que ardía en su interior era insoportable; su cuerpo estaba al límite, y la humedad entre sus piernas era casi dolorosa. No podía esperar hasta mañana. Con un suspiro de frustración, se levantó de la cama y comenzó a quitarse la lencería dejando expuestos sus enormes senos, "son enormes y tan sensibles," pensaba mientras los veía, terminó de quitarse la lencería y, para ser sincero, Luis nunca había visto una vagina así de mojada en su vida, "será producto de mi deseo por mí papá?" Penso.



Se recostó en la cama, abrió sus piernas y comenzó a juguetear con su vagina, al principio era una sensación rica pero después recordó que ahora tiene clítoris y que ahí está el placer. Comenzó a frotarlo lento, sintió como si una corriente lo recorriera y soltó un leve gemido, "pffff eso se sintió rico," Luis siguió frotando cada vez más y más rápido hasta sentir como su vagina comenzaba palpitar rápidamente seguido de una sensación como si quisiera hacer del baño, tapo su boca por qué sus gemidos fueron imposibles de contener, se miró en el espejo que estaba a su lado, era sensual hasta después del orgasmo. 



Rápidamente busco algo que meterse en su vagina, abrió el buro a un lado y ahí encontró un vibrador, se colocó justo frente al espejo y comenzó a introducirlo poco a poco dentro de si. Estaba empapada; su cuerpo clamaba por mas su mano derecha metiendo y sacando el vibrador, mientras su otra mano apretaba uno de sus pechos, pellizcando su pezón con fuerza. Cerró los ojos, imaginando las manos de un amante sobre ella, recordando los encuentros apasionados que su madre había tenido con Diego. “Dios, lo necesito tanto,” susurró para sí mismo, mientras sus movimientos se aceleraban. Su respiración se volvió jadeante, y pequeños gemidos escapaban de sus labios mientras el placer crecía. Finalmente, el segundo orgasmo lo recorrió, haciendo que su cuerpo temblara y sus piernas se cerraran alrededor de su mano. Se mordió el labio para no gritar, y cuando la ola de placer pasó, se quedó allí, jadeando, con el corazón latiendo a mil por hora. Aunque había encontrado alivio, sabía que necesitaba más; necesitaba a alguien que satisficiera sus deseos por completo.



Fue entonces cuando pensó en José, su mejor amigo, quien, en secreto siempre había estado enamorado de Marisol, "José puede ser el hombre que estoy buscando pero... No, hice este intercambio para salvar el matrimonio de mis padres, no puedo hacer que mi mamá vuelva a ser infiel," pedirle a José que se lo cogiera mientras estaba en el cuerpo de su madre no era una opción.


Una tarde, mientras José ayudaba a Luis con un proyecto escolar, encontró el libro mágico que Luis había dejado accidentalmente sobre su cama. “¿Qué es esto, Luis?” preguntó José, hojeándolo con curiosidad. Luis, se sonrojó. "Puedes guardar un secreto? Es… un libro donde encontré un hechizo de intercambio de cuerpos. Lo usé para salvar el matrimonio de mis papás,” confesó. José lo miró incrédulo, pero cuando Luis le explicó cómo había tomado el cuerpo de Marisol para terminar su amorío con Diego, los ojos de José se abrieron de par en par. “¿Entonces ahora puedes ser… tu mamá cuando tú quieras?” preguntó, su voz temblorosa pero con un toque de emoción. Luis asintió, y José tragó saliva, incapaz de ocultar la excitación que la idea le provocaba. Esa tarde a Luis se le ocurrió una idea, "y si pongo a prueba a José?" Luis fingió ir al baño y regreso al cuarto pero ahora en el cuerpo de su madre, "oh José, no sabía que estabas aquí," invitó a José a la cocina por un trago de agua y este aceptó.



Luis platicó un rato con José de cosas banales, cuando estuvieron un rato a solas José pregunto por Luis y subió al cuarto, Luis lo siguió con una sonrisa pícara y este último se encerró con José en el cuarto, José volteo y Luis puso sus manos alrededor de sus senos "me enteré que estás enamorado de mi José, eso es cierto?" José trago saliva, será que la mujer de sus sueños lo está seduciendo? "N... n... no es lo que piensa se... señora..." Luis sonrió y jalo a José hacia el, José no quitaba la vista de su blusa escotada. “José, sé cómo me miras,” dijo con voz seductora, acercándose hasta que sus cuerpos casi se tocaban. José se sonrojó intensamente. “Señora Marisol, yo… no sé de qué habla,” tartamudeó, nervioso. Luis sonrió, colocando una mano en su escote y dejando que sus dedos rozaran su piel. “No tienes que fingir. Sé que me deseas. Y tengo una propuesta para ti.” Sacó una copia del hechizo de intercambio de cuerpos y se lo explicó. “Quiero que intercambies cuerpos con Juan. Serás mi esposo por un tiempo, y podrás tenerme como siempre has soñado." José tomo el papel y se dió cuenta de todo, "Luis? Eres tu?" Luis soltó una carcajada y asintió "claro que sí tonto, de verdad crees que mi mamá te haría caso?" José rio tímidamente pero antes de que pudiera decir algo Luis volvió a hablar "pero... No era mentira, intercambia lugar con mi padre... Eso... Te juro que te haré sentir bien y... Así puedes tener a mi mamá..." José sonrió y le respondió "trato hecho."



Luis, ahora en su cuerpo acompaño a José a la puerta y antes de irse José pregunto "pues bueno, ya me voy pero… ¿y si algo sale mal? ¿Y si Juan se entera? ¿Y si no puedo volver a mi cuerpo?” preguntó, su voz llena de nerviosismo. Luis lo tranquilizó “el hechizo es seguro. Mi padre (Juan) pensará que siempre ha sido tu, y tú tendrás todos sus recuerdos. Nadie lo sabrá, y podrás disfrutar de mi mamá sin restricciones. Y, si no quieres quedarte, podemos revertirlo después.” José, incapaz de resistir la tentación de poseer a la mujer que había deseado por años, finalmente aceptó, aunque su corazón latía con una mezcla de miedo y anticipación pero antes una última pregunta "como sabré que tú estás en el cuerpo de tu mamá?" Luis sonrió y respondió "estaré usando una bata rosa, mi madre ya no la ocupa pero a mí se me hace sexy usarla, es... Reveladora jaja."


La mañana siguiente, mientras Luis, en el cuerpo de Marisol se alistaba para el día a día, José realizó el hechizo. Cuando despertó ahora era Juan, José estaba en el baño del cuarto de los papás de Luis parado frente al espejo "wow, funcionó Luis no me mintió," se asomo por el baño y ahí estaba, la señora Marisol con la bata rosa que Luis le había dicho que traería. “Señora Marisol... más bien, Luis?” dijo José, confundido y temblorosa por qué si sea Luis, "ah! así que por fin lo hiciste jaja pues bienvenido amor solo recuerda llamarme Marisol. Ahora eres mi esposo,” respondió con una sonrisa pícara mientras le daba la espalda. José/Juan la miró, y sus ojos se llenaron de deseo al ver a Marisol en esa bata rosa y su conjunto de ropa interior que apenas cubría su cuerpo. José se abalanzó y le dió la vuelta, "siempre había deseado tenerte en esta situación." Luis respondió "sssh baja la voz, tus hijos... O los niños están dormidos, pueden despertar," dijo Luis riendo.



Pero Luis no podia simplemente dejar esto así, tenía que probar un poco de lo que José le podía ofrecer, "pero tranquilo, podemos jugar en silencio, no crees?" José/Juan sonrió, Luis se recostó en la cama y abrió sus piernas, "hazla a un lado mi tanga y juguetea un poco con mi puchita bebé" de verdad Luis dijo eso en el cuerpo de su madre? No sabía que pasaba, las ganas eran más y el simplemente se estaba dejando llevar por el momento, "eso me agrada," contesto José mientras todos los recuerdos de Juan se combinaban con los suyos. "Mmm parece que si tocó aquí," Luis soltó un gemido fuerte y seguido se cubrió la boca, "ah sí, ahí es donde te gusta, cierto Mari?" José sabía dónde tocar ahora al cuerpo de Marisol para hacerla sentir bien y se notaba, Luis se mordía hasta los labios y los dedos de aguantar el placer que lo estaban haciendo sentir, "mmm dios bendito, ese cabron de mi padre sabía todo este tiempo como hacer sentir bien este cuerpo y aún así se negaba a darme este placer pero... Ahora tu me tienes para ti José... O más bien, Juan jijiji."



José sentía como su pene crecía más y más, nunca había tenido tanta excitación en su vida y todo gracias a por fin poder ver la vagina de la mujer de sus sueños, "esto es fantástico, nunca creí que esto pasara alguna vez jajaja." Luis paro a José y le susurro al oído "bien, entonces deja que la mujer de tus sueños te la mame" José con una sonrisa se recostó en la cama y Luis bajo sus pants sin dudarlo, esto también era algo excitante para Luis. No sabía por qué pero era como si hubiera nacido para ser mujer, para ser Marisol. "Oh wow, es enorme, justo como los recuerdos de mi madre jeje. Bien, voy a comenzar pero no hagas ruido por favor, los niños duermen y no queremos que vean a sus padres haciendo esto, o si? Jaja." Tomo con ambas manos el pene del que fuera su padre y con una sonrisa comenzó a masturbarlo lentamente para después, con un gesto de silencio comenzó a introducirlo en su boca. 


Luis parecía que siempre hubiera hecho orales, la forma en la que chupaba el pene de José/Juan era la de una maestra, era de alguien que llevaba años haciendolo pero en realidad era su primera vez, simplemente era gracias a los recuerdos de su madre que sabía lo que hacía pero ahora que estaba viviendo esto, le estaba encantando ser mujer.



José advirtió a Luis que estaba a punto de venirse, Luis se arrodilló frente a este, quien temblaba dentro del cuerpo de Juan. Con un jadeo intenso, José se dejó llevar, soltando su semen sobre los senos de Marisol. El líquido cálido goteó sobre su piel, y Luis, fascinado, tomó un poco con los dedos, llevándolo a sus labios. Lo lamió despacio, saboreándolo, y una sonrisa se formó en su rostro, sus ojos brillando de placer. "¿Qué se siente, mi amor?" preguntó José, su voz ronca, mirándola con deseo mientras recuperaba el aliento.Luis, en el cuerpo de Marisol, alzó la vista, relamiéndose los dedos. "Es... increíble. Nunca imaginé que ser mujer sería tan excitante," susurró, su sonrisa ampliándose. "Quiero más, José... O mejor dicho, Juan, quier mucho más." José rió suavemente, extendiendo una mano para levantarla. "Te daré todo lo que quieras, Marisol," murmuró, atrayéndola hacia él, sus manos deslizándose por su cintura. Pero justo cuando sus labios estaban a punto de encontrarse, un grito agudo resonó desde la puerta. "¡Mamá! ¡Papá! ¡Zara está llorando por qué Javier le pego y no para!" exclamaron sus "hijos", irrumpiendo en la habitación con caras de preocupación. Luis y José se congelaron, mirándose con una mezcla de frustración y risa. "Ya vamos, pequeños," dijo Luis, con la voz cálida de su madre, apresurándose a cubrirse el pecho manchado con su bata, mientras José se ajustaba la pijama, ambos caminando a atender a sus "hijos" con el calor del momento aún presente en sus mentes.



Continuará...