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lunes, 27 de abril de 2026

El placer en el cuerpo de mi novia infiel

 El placer en el cuerpo de mi novia infiel 


Mateo acababa de cumplir 18 años y, hasta esa tarde, creía que su vida era casi perfecta. Hace unos días terminó la prepa junto con Samantha, su novia desde el último año de secundaria. Sam era guapa, divertida y siempre había sido una chica ejemplar. Pero esa tarde, al regresar de dejar a Sam en su casa y después de un beso que ahora le parecía falso, Mateo se dio cuenta de que había olvidado su celular en la habitación de ella. Al volver a buscarlo, la pantalla del teléfono de Samantha se iluminó con una notificación. Era de Tinder. La curiosidad, mezclada con un nudo en el estómago, ganó.


Al desbloquear el celular —sabía la contraseña porque confiaba ciegamente en ella—, todo se derrumbó. Los mensajes eran claros y dolorosamente explícitos:


Iván: entonces, a qué hora paso por ti, linda?

  

Samantha: A las 8. Mateo me va a dejar un poco más temprano y mis papás no están, así que me puedo salir un rato 😘


Iván: entendido, nos vemos a esa hora, ponte tu mejor tanguita que muero por ver ese culo en 4 😈


Mateo sintió que le clavaban un cuchillo en el pecho. El mundo entero se le vino abajo en un segundo: el corazón le martilleaba, un nudo le cerraba la garganta y las lágrimas de pura rabia le nublaban la vista. ¿Cómo era posible? ¿Después de tantos meses juntos, de promesas, de planes para el futuro? Con las manos temblorosas, le mandó un mensaje a su mejor amigo.


Mateo: Sergio, bro… Sam me está poniendo los cuernos. Va a salir hoy con un tal Iván. Qué carajos hago?


Sergio contestó casi al instante:


Sergio: wow, eso no lo veía venir, son una gran pareja. Pero tengo una idea… ¿y si usas ese amuleto raro que tienes? El que le permitía a tu abuelo poseer personas. Sería fácil, entra en el cuerpo de Sam, mándalo a la verga como si fueras ella y dile que tienes novio. Que se joda, es tal Iván.


Mateo dudó un instante, su mente dando vueltas entre el dolor y la incredulidad. Sin embargo, el dolor y la traición fueron más fuertes que cualquier escrúpulo moral. Buscó el amuleto en su closet, lo tomó, cerró los ojos y apretó el viejo amuleto de oro heredado de su abuelo. Sintió cómo su alma salía de su cuerpo con un tirón violento, como si lo succionaran a través de un túnel de luces y sombras. Un vértigo intenso lo invadió, y de pronto, todo cambió.


Cuando abrió los ojos, se encontraba en el cuarto de Sam. La luz del atardecer entraba por la ventana, tiñendo todo de un tono cálido y dorado. Y ahí estaba él... o ahora ella, frente al espejo de cuerpo completo del cuarto de Sam; el reflejo le dejó sin aliento.


Llevaba solo una tanga a juego con el brasier, ambos eran lilas con encaje... eran los que él mismo le había regalado meses atrás. Al observarse en el espejo notó aún mejor los senos firmes y redondos que se veían perfectos bajo la tela del brasier. La cintura estrecha, las caderas anchas, las piernas suaves y largas. Mateo se miró las manos —manos de Sam— y las subió despacio hasta tocar su cara. Un escalofrío le recorrió la espalda.



—Joder… —susurró con la voz dulce y femenina de Samantha.


En ese momento la curiosidad llegó, sus dedos bajaron por el abdomen plano hasta llegar a la entrepierna. Noto que la tela ya estaba húmeda, pegada con sus ahora fluidos. Rozó el clítoris por encima con dos dedos y un pequeño gemido agudo se le escapó de los labios. La sensación de placer fue inmediata, eléctrica, completamente diferente a todo lo que había sentido como hombre. Siguió frotando en círculos lentos, como si su nuevo cuerpo supiera exactamente qué hacer. Comenzó a respirar más rápido, sintiendo cómo la tanga se mojaba cada vez más, cómo su vagina nueva palpitaba con necesidad. Un calor intenso subía por su abdomen y le hacía temblar las piernas.


—Para… para, Mateo —se dijo a sí mismo, conteniendo un gemido más fuerte—. Tienes que concentrarte para hacer esto… no te pierdas en el placer todavía, cabrón.


Se obligó a detenerse, aunque el cuerpo de Sam seguía sintiendo un calor húmedo y urgente entre las piernas. Terminó de vestirse con manos que aún temblaban: un top ajustado, algo casual pero que marcaba perfectamente sus senos redondos y firmes, y unos jeans ajustados con los que se le notaba un poco la tanga lila debajo. Se maquilló como había visto hacer a Sam mil veces —labios brillantes, pestañas enchinadas— salió de la casa a esperar a Iván, con el corazón latiéndole en el pecho de su novia.


El carro llegó. Iván era un tipo alto, con una sonrisa coqueta y una mirada arrogante. Bajó, la tomó por la cintura con confianza y, sin decir una palabra, le plantó un beso en la boca. Mateo se quedó congelado. Sintió la lengua del otro chico rozar la suya, comenzó a sentir un extraño calor que le subía por la nuca y le endurecía los pezones contra el brasier.



Iván: Te ves bien rica hoy, Sam —murmuró Iván contra su boca, mordiéndole el labio inferior.


Se subieron al carro y, mientras manejaba, Iván no perdió el tiempo. Su mano derecha se deslizó por el muslo de Mateo para luego ir directo a sus senos, apretándolo con delicadeza pero con clara intención. Mateo sintió esa mano grande sobre su nuevo pecho y un escalofrío le recorrió la columna.


Mateo/Sam: Oye, Iván… para, neta. Tengo novio, ¿sabes? No mames.


Iván: ¿Qué? ¿Ahora te haces la difícil?


Mateo/Sam: Dije que pares. Tengo novio.


Iván soltó una risa burlona y siguió conduciendo.


Iván: Novio… sí, claro. El mismo que me dijiste que nunca te coge como Dios manda.


Mateo sintió ahí mismo una oleada de rabia y vergüenza que le quemó las mejillas. Y en eso, Iván frenó en seco en medio de una avenida transitada, los carros de atrás empezaron a pitar.


Iván: Bájate, pinche calientahuevos.


Al abrir la puerta, prácticamente lo empujó hacia afuera. Mateo se quedó parado en la banqueta, con el corazón latiéndole a mil; el cuerpo de Sam temblaba de frío y de una rabia que le apretaba el pecho. Sacó el celular de Samantha y le marcó a Sergio, con las manos aún temblando.


Mateo/Sam: Sergio… ven por mí wey, por favor. Me botó el pendejo en plena avenida. Sigo en el cuerpo de Sam… estoy jodido.


Diez minutos después, el auto de Sergio se detuvo a su lado. Sergio bajó corriendo y abrazó a “Samantha” con fuerza, apretándola contra su pecho.


Sergio: Tranquilo, carnal. Ya estoy aquí. Respira… estoy contigo.



Mateo se derrumbó contra el pecho de su amigo. Las lágrimas le salieron solas, le recorrían por las mejillas. El cuerpo de su novia se sentía frágil, vulnerable, y cada sollozo le salía con un tono agudo que nunca había tenido.


Mateo/Sam: No sé qué me pasa, Serg… me siento tan… vulnerable. ¿Es porque estoy en este cuerpo? ¿O porque Sam me traicionó de verdad? Me duele tanto… y al mismo tiempo… no sé qué me pasa.


Sergio le acarició la espalda con ternura, sosteniéndola como si fuera de cristal.


Sergio: Vamos a un lugar tranquilo. Te invito unas chelas y platicamos, ¿sale? Ya verás que todo se arregla.



Fueron a un restaurante-bar cerca de la casa de Sergio. Pidieron cervezas y alitas. Entre trago y trago, Mateo se abrió más de lo que jamás había hecho:


Mateo/Sam: No entiendo, Serg. ¿Por qué Sam me engañaría con un idiota como Iván? Yo la quería… la quiero todavía. Y ahora estoy aquí, llorando dentro de su cuerpo… Me siento tan confundido. Cuando Iván me besó… sentí algo raro. Y cuando me tocó los senos… me dio asco, pero también… no sé… fue interesante… como si mi cuerpo reaccionara solo.


El tiene paso y las cervezas siguieron llegando. Mateo, dentro del cuerpo de Samantha, empezó a sentir el alcohol de otra forma: más rápido, más caliente, más suave. Se reía más fácil, era coqueto sin querer con Sergio. Y Sergio… Sergio lo comenzaba a mirar diferente… lo veía como a una chica guapa, con deseo en los ojos.



Mateo/Sam: Bien bien, qué bueno que cambiamos de tema, así dejamos de hablar de esta perra… Dime Serg… ¿Aún sigues soltero, cierto?


Sergio asintió y chocó tarros con Mateo, sonriendo.


Sergio: Sí bueno… No todos tenemos tu carisma Mateo, hoy en día es difícil encontrar a una chica linda.


Mateo/Sam: Oh… ya veo, pero… si tú eres un… chico guapo Serg, eres inteligente, gracioso, alto, musculoso… bien parecido… Ammm este… bueno, ¿me entiendes, no?


Sergio se quedó un momento en silencio asimilando todo lo que su amigo le acababa de decir. No habría generado ningún sentimiento si Mateo se lo hubiera dicho siendo hombre, pero ahora que él se encontraba dentro de Samantha, el escuchar salir esas palabras de la boca de una mujer le generó una emoción que rara vez sentía. Su mirada se suavizó.


Sergio: Oh… este… sí bueno, sabes… es raro escuchar a una chica decir eso de mí… Y sí, ya sé que tú no eres una chica pero estás dentro de una, Mateo…


Mateo/Sam: Dios… por un momento olvidé que estos enormes senos no eran míos… Bueno jaja, como sea, creo que estoy un poco ebrio… Este cuerpo no aguanta tanto el alcohol, al parecer.


Mateo se sonrojó al instante. Él no sabía qué contestarle a su querido amigo, pero siendo sinceros, para él también era una sensación nueva que alguien lo tratara así de bien y con ternura. ¿Será por ser mujer? ¿Por qué antes de la posesión Sergio nunca lo había tratado así? En este momento todo era confuso para Mateo, pero algo dentro de él le pedía a gritos que terminara lo que inició en la mañana cuando tocó la vagina de Samantha, cuando sintió ese pequeño y fugaz semi-orgasmo que aún le quemaba en la memoria.


Mateo/Sam: Estoy un poco cansado…



Sergio: Vámonos a mi casa, Mate. Aquí ya está muy ruidoso.


Al salir del bar Sergio tuvo que cargar a Mateo hasta el carro ya que sí estaba más ebrio de lo que pensaron. La buena noticia es que estando en el cuerpo de Samantha pesaba muy poco y no le fue difícil a Sergio cargarlo en brazos como si fuera una novia.


Sergio: Bueno, ya vimos que Samantha es muy ligera amigo jajaja me alegro por ti.


Mateo/Sam: En efecto, es muy ligera… de hecho la muevo muy… fácil en la cama…



Mateo se volvió a sonrojar intensamente. Se subieron al carro y durante toda la plática que tuvieron Mateo no podía dejar de verle los labios a Sergio. ¿Por qué sentía eso? Era extraño, era como si lo quisiera besar pero algo lo detenía. ¿Será su hombría? Pensaba, pero en este momento él era una mujer… ¿Cierto? ¿Por qué no podía besar a un hombre guapo como Sergio?


Llegaron a la casa de Sergio. Mateo ya no estaba tan borracho así que pudo bajarse con normalidad. Al caminar hacia la entrada Mateo se percató cómo Sergio le veía las nalgas al caminar; era obvio, no disimulaba. Mateo no pensó que utilizar tacones haría que su figura se viera aún mejor. Esto no le molestó a Mateo, quien incluso movió aún más las caderas al caminar para entrar a la casa, sintiendo cómo los jeans se le ajustaban en el culo.


Mateo/Sam: ¿Todo bien Serg? Te noto distraído con algo jiji


Sergio se apenó y solo se limitó a sonreír y sonrojarse. Abrió la puerta, ambos pasaron a la casa. Sergio se dirigió a la cocina y sirvió un poco de agua, pero Mateo la rechazó ya que había tomado una botella de vino que estaba en la cava de los papás de Sergio.


Mateo/Sam: ¿No prefieres tomar esto? Al final, tus papás no se darán cuenta ya que nunca están jajaja


Sergio aceptó nervioso pero estaba con una pequeña esperanza de tener algo más con la novia de su amigo… o más bien, con su amigo. La botella de vino se fue consumiendo poco a poco hasta tener a dos jóvenes borrachos en la sala, riendo y hablando.


Sergio: O wow… nunca pensé que terminaríamos así jajaja qué divertido ha sido, tenía bastante tiempo que no nos echábamos unas partidas en el Xbox cabrón… o debería decirte cabrona? Jajajaja


Mateo/Sam: Ay cállate tarado. No porque tenga unas tetotas… y un culote… significa que soy mujer… y que mi voz suene así… bueno puede ser que sí soy una mujer de verdad jajajaja


En eso un silencio entro en la habitación, Sergio y Mateo se quedaron viendo el uno al otro sin querer, se sonrojaron pero cuando Mateo quitó la mirada Sergio lo tomó de la cara con una mano y le plantó un beso, un beso que Mateo al principio quería rechazar pero recordó cómo lo veía en el auto y se dejó llevar. Comenzó a sentir cómo su vagina comenzaba a mojarse, el beso se estaba haciendo largo. ¿Esto es lo que las chicas sienten? Se preguntaba a sí mismo. De un momento a otro Sergio ya había cargado a Mateo hasta su habitación y ahí comenzó todo.


En la habitación de Sergio, se sentía la tensión sexual en el aire. Mateo se quitó los tacones que traía y se tiró en la cama boca arriba, con el pelo de Samantha desparramado en la almohada.



Mateo/Sam: Serg… ven —murmuró, mirándolo con los ojos tiernos, con una mezcla de deseo y nervios.


Sergio se acercó como hipnotizado. Se puso encima y lo besó. Este, a diferencia del beso en la sala, fue un beso lento al principio y luego se volvió salvaje y sensual. Sus manos subieron por la cintura de Mateo y apretaron sus senos por encima de la blusa, sintiendo cómo los pezones ya estaban duros.



Sergio: Dios… tus tetas se sienten increíbles… tan suaves y firmes al mismo tiempo.


Mateo sonrió, travieso, mordiéndose el labio inferior. Se incorporó un poco, se alzó la blusa lentamente y desabrochó el brasier con dedos temblorosos. Sus senos quedaron libres, pezones rosados y duros, subiendo y bajando con su respiración agitada.


Mateo/Sam: Chúpalos, Sergio. Quiero sentir lo que una chica siente… por favor.


Sergio no se hizo rogar. Bajó la cabeza y tomó un pezón con la boca, succionando fuerte mientras su lengua giraba alrededor, y su mano amasaba el otro seno con ganas. Mateo arqueó la espalda y gimió alto, un gemido femenino que ni él esperaba, un gemido largo y agudo.


Mateo/Sam: Ahh… sí… así… chúpalos más fuerte…



Sergio se separó de las tetas de Mateo, se miraron a los ojos con deseo y sin pensarlo comenzaron a desnudarse rápidamente, tirando la ropa por todos lados. Sergio se puso un condón con manos temblorosas. Abrió las piernas de Mateo/Samantha y se colocó entre ellas, frotando la cabeza de su verga contra la vagina ya completamente mojada y brillante.




Sergio: Dime la verdad, que quieres esto? —la verga dura rozando la vagina mojada de Mateo, provocándolo.


Mateo/Sam: Oh vamos Serg, crees que si no quisiera esto estaría aquí con las piernas abiertas? Métemela... metemela toda que ya no aguanto estas ganas —suplicó Mateo con una voz seductora, casi suplicante, moviendo las caderas hacia arriba.


Sergio sonrió, ninguna mujer le había dicho eso antes con tanta sinceridad. Sergio levantó las piernas de Mateo y le agarró sus manos, entrelazando los dedos. Se sonrieron los dos y Mateo se mordió el labio esperando a ser penetrado por ese pene grande y grueso de su amigo.




Sergio la metió de un solo movimiento lento pero profundo. El placer fue brutal, abrumador. Mateo sintió cada centímetro entrando en su nueva vagina, estirándola, llenándola por completo, rozando lugares que nunca había sentido. Gimió con tanta fuerza que se tapó la boca con la mano, pero Sergio empezó a embestir con fuerza, profundo, rápido, haciendo que la cama crujiera.


Sergio: Puta madre, estás tan apretada… y tan caliente…




Cada golpe hacía que el clítoris de Mateo vibrara y que sus tetas rebotaran con cada embestida. Su vagina palpitaba y se contraía alrededor de la verga de su mejor amigo, chorreando de excitación. El primer orgasmo llegó rápido para los dos, un orgasmo con fuerza, como una ola que los dejó temblando y jadeando.



 

Sergio se vino con un gemido gutural, sacó su pene de la vagina de Mateo y este reprochó, molesto y todavía excitado: “¿Ya es todo?” Preguntó Mateo. Sergio sonrió, se quitó el condón usado y se puso otro. Con seguridad puso a Mateo de lado, le besó el cuello con ternura y se pegó a su espalda; sin decir nada lo penetró de nuevo pero esta vez con más fuerza, más profundo.


Mateo volvió a soltar un gemido pero esta vez lo dejó escapar libremente, dejó que su feminidad tomara el control, dejó que el cuerpo de Samantha se apoderara de él en ese momento ya que no podía parar de gemir y sentir un gran placer que le subía por la columna.


Sam/Mateo: Ay sí sí sí, qué rico! Nunca pensé que cogieras así Serg… no pares por favor… dame... ¡más duro!




Sam/Mateo: Se siente tan bien… dame más Sergio… quiero más… lléname toda.


Sergio: Quién hubiera imaginado que yo sería el que se terminaría cogiendo a Samantha esta noche y no ese tal Iván jajaja las vueltas que da la vida.


Sergio le volteó la cara a Mateo y lo besó con pasión mientras él seguía penetrando la vagina de Mateo, moviendo las caderas con fuerza.



Los besos siguieron y poco a poco Mateo comenzaba a actuar más femenino, más entregado. Dejaba que Sergio lo tocara y gemía cada vez más alto al sentir los dedos de Sergio en su clítoris mientras lo follaba. Sergio se detuvo un momento, lo puso en cuatro, lo agarró de las caderas con fuerza y se la metió suave al principio, queriendo sentir cómo la vagina de Mateo apretaba su pene cuando se la metía centímetro a centímetro.


Sam/Mateo: Mmmmm eso siente muy rico Serg, quiero que me la metas así, despacio para sentirte todo… sí… así…


Sergio: Bueno, a la “dama” lo que pida.


Sergio comenzó lento pero poco a poco comenzó a darle cada vez con más fuerza a Mateo haciéndolo gritar y pedir cada vez con más euforia, el sonido de piel contra piel llenando la habitación.




Sam/Mateo: Más duro… ¡cógeme como a una puta! —gritaba Mateo, ya sin vergüenza, empujando el culo hacia atrás.


Sam/Mateo: Dime algo, ¿te está gustando la vista? Es buena ¿no? Samantha tiene un gran culo y se ve increíble empinada jeje.




Sergio: Así es… debo confesar que siempre quise ver así a tu novia Mateo. Afortunadamente tú eres ella ahora y bueno, aquí estoy metiéndote mi verga jajaja


Sam/Mateo: Mejor sigue cogiendome Sergio… y no pares.


Mateo no dijo más porque en ese momento sintió un poco de enojo pero también se sintió halagado por su amigo ya que sintió que él le dijo que siempre lo quiso ver así.


Sergio obedeció y empezó a darle más fuerte. Y el sonido de piel contra piel comenzó a llenar la habitación.


Sam/Mateo: No creas que ah mm me enojé es solo que aaaay sí aún me es extraño estar mmm qué rico en el cuerpo de Samantha Serg… dame más duro por favor! ¡Sí, así!




De repente Mateo se detuvo, se sacó la verga de Sergio y se giró, lo empujó a la cama, le quitó el condón de un tirón y se montó encima, mirándolo a los ojos con determinación.


Sergio: ¿Qué… qué haces? —dijo nervioso, pero excitado.


Sam/Mateo: Debo confesar que… que quiero sentirme una mujer de verdad… y tú me vas a ayudar, al final eres mi mejor amigo y al parecer siempre te quisiste coger a Samantha así que tu sueño se va a cumplir esta noche.




Mateo agarró la verga dura y la introdujo lentamente en su vagina a pelo, bajando lentamente hasta sentarse completamente.


Sam/Mateo: Sentirte a pelo se siente mejor de lo que pensé —le susurró al oído a Sergio, mordiéndole la oreja.



 

Mateo empezó a cabalgar la verga de Sergio como si siempre hubiera sabido cómo, pero la realidad es que él estaba dejando que las caderas del cuerpo de Samantha se movieran por sí solas, subiendo y bajando con fuerza mientras Sergio sentía cómo ese enorme culo rebotaba en sus huevos con fuerza; sumado a eso, Sergio no paraba de ver las tetas enormes de su amigo rebotar mientras él gemía debajo de él, apretándole el culo con las manos.




Sergio: Mateo… me voy a venir cabrón… no aguanto más…


Sam/Mateo: Hazlo adentro… lléname toda, a partir de ahora seré solo tuya pero haz permanente el cambio… quiero quedarme así… quiero ser Samantha para siempre.


Sergio: ¿Qué chingados dices‽ ¿Cómo que serás mía? ¿Eres tú Samantha? Eso no lo diría Mateo...


Preguntó Sergio sacado de onda; su amigo no le diría eso… ¿o sí? En ese momento hubo una gran confusión hasta escuchar lo que saldría de la boca de Mateo.


Sam/Mateo: No… no soy Samantha… o bueno, sí, sí quiero ser ella pero para que yo pueda serlo y la posesión se complete debes venirte dentro de mí… lléname… hazlo.


Sergio solo podía sentir cómo su verga estaba a punto de estallar, sonrió con locura y le cumplió el sueño a su amigo, se vino dentro de Mateo, o más bien, dentro de Samantha haciéndola gemir con bastante fuerza, sintiendo cómo sus piernas temblaban del orgasmo al que ambos habían llegado, cómo el semen caliente llenaba su vagina.




Sergio inundó completamente el interior de la vagina del que fue su amigo. Samantha siguió moviéndose arriba y abajo hasta lograr que otro orgasmo la sacudiera con fuerza, apretando alrededor de la verga que aún estaba dentro.


Sergio: Pues bueno… creo que está hecho… ya no hay vuelta atrás.


Samantha: Así es… gracias… la respuesta a la infidelidad de Samantha… de la antigua Samantha estuvo todo el tiempo frente a mí, tuviste una gran idea al decir que yo utilizara la posesión para ser ella y creo que ambos seremos muy felices jiji… ahora soy tuya de verdad.




Samantha sonrió, sin quitarse de encima, se inclinó y tomó la verga aún sensible de Sergio en su boca. La lamió y chupó con devoción, limpiando cada gota de semen y sus propios fluidos, saboreando la mezcla de ambos.




Al terminar Samantha se recostó al lado de Sergio, ambos sudados, respirando agitados, con el cuerpo todavía temblando de placer. Se quedaron abrazados, piel contra piel.


Samantha: Sergio… gracias. Ser mujer… sentir esto… cogerte así… me fascinó. Nunca había sentido tanto placer, tanta intensidad…


Sergio sonrió, besándole la frente con ternura y pasando los dedos por su cabello.


Sergio: Pues creo que comenzaré a llamarte amor en lugar de bro jajaja.


Y por primera vez en mucho tiempo, Mateo se sintió completo… aunque ya no fuera del todo él. Ahora era Samantha, y le gustaba.


Prólogo


Han pasado doce años desde aquella noche en la que todo cambió. Mateo ya no existe. Ahora es Samantha. Una mujer de 30 años, exitosa, poderosa y hermosa. Lleva dos años casada con Sergio, quien se convirtió en uno de los hombres de negocios más exitosos del país. Juntos forman una de las parejas más envidiadas: ella, dueña de una de las empresas de tecnología más importantes; él, al frente de un conglomerado de inversiones. Una vida que cualquiera desearía.

Esa mañana, como tantas otras, estaban en la cocina. Sergio, impecable con su traje negro a medida, ajustaba el nudo de la corbata frente al espejo del recibidor. Samantha, de pie frente a la isla de la cocina, terminaba de preparar su café. Llevaba una falda azul marino que le quedaba increíble: ajustada en las caderas, resaltando su gran culo redondo y firme, y marcando perfectamente su pequeña cintura. Arriba, una blusa de manga larga con botones, que se le ajustaba deliciosamente sobre sus enormes pechos, se notaba que ahora ya era una mujer en su totalidad. Mateo tuvo que aprender a cuidarse como mujer, el skincare, el gimnasio, los días de regla todo eso tuvo que aprender con su decisión. Lo bueno es que tenía a su mejor amigo y ahora esposo a su lado, el único que vio como el cuerpo de Mateo, ahora Samantha, se iba desarrollando hasta tener esta gran figura deliciosa.


Samantha: Amor —dijo, sin levantar la vista del celular—, ¿ya pensaste lo que te dije anoche? Sobre lo de tener un bebé…


Sergio se acercó por detrás, rodeándole la cintura con los brazos y besándole el cuello.


Sergio: Claro que lo pensé —respondió con voz grave y tranquila—. Llevamos dos años casados, los dos tenemos 30… es el momento perfecto. Quiero tener un hijo contigo, Samantha. Quiero formar una familia.



Ella sonrió, sus ojos brillaban con esa mezcla de amor y picardía que tanto le gustaba a Sergio.


Samantha: Entonces… ¿lo haremos en serio? —preguntó Samantha, mordiéndose el labio inferior.


Sergio bajó la mirada y notó que uno de los botones superiores de la blusa de su esposa se había desabotonado solo, dejando ver la parte superior de su sostén y el generoso escote de sus tetas. El botón cayó al suelo con un pequeño sonido.


Samantha abrió los ojos sorprendida y soltó una risa suave.


Samantha: Ay no… se me abrió otra vez. Esta blusa ya no me aguanta estos senos.



Sergio la miró de arriba abajo, tragando saliva. La falda azul marino le marcaba el culo de una forma que le ponía la boca seca. La blusa abierta dejaba ver la curva de sus pechos y el encaje del brasier. Sintió cómo su verga se endurecía dentro del pantalón del traje.


Sergio: Samantha… —dijo con voz ronca, acercándose más—. Subamos. Ahora. Intentemos tener ese bebé.


Ella lo miró a los ojos, sonrió con malicia y asintió.


Samantha: Está bien… vamos.


Subieron las escaleras tomados de la mano. Al entrar al dormitorio principal, Samantha se detuvo frente a la cama king size y comenzó a desvestirse lentamente. Se quitó la blusa primero, dejando caer los botones uno por uno. Luego la falda, que resbaló por sus gruesas y tonificadas piernas hasta el suelo. Se quedó solo con su lencería: una tanga fina que apenas cubría su ano y un brasier que empujaba sus enormes pechos hacia arriba y se sentó en el borde de la cama con las piernas cruzadas, mirándolo con deseo.




Sergio se quitó el saco del traje y la corbata sin dejar de observarla. Samantha abrió lentamente las piernas, primero un poco, luego más, hasta que el tanga azul cielo quedó completamente visible.



Samantha: que esperas amor —dijo mientras se recostaba hacia atrás abriendo las piernas en invitación.


Samantha: Ven —susurró—. Quiero que me embaraces hoy.



Sergio se acercó, se bajó el pantalón y el bóxer, se colocó entre sus piernas. Su verga dura rozó la tela del tanga. Samantha la hizo a un lado, dejando su vagina expuesta y húmeda. Él la penetró despacio, profundo, gimiendo al sentir cómo ella lo apretaba.


Sergio: Te amo… —susurró mientras empezaba a moverse.


Samantha: Te amo más —respondió, arqueando la espalda y rodeándolo con las piernas.


Siete meses después…


Samantha y Sergio iban caminando por el parque. Ella llevaba un vestido amarillo suelto que resaltaba su embarazo. Sergio se acercó y le dió un beso en el cachete, tomándola de laano.


Sergio: Estás preciosa —murmuró contra su oido—. Nuestro hijo va a ser perfecto.



Samantha sonrió, poniendo la mano de su marido con la suya sobre su vientre.


Samantha: Gracias por aceptar venirte dentro de mi hace 12 años… Gracias a eso estamos en dónde estamos —dijo con voz suave—. Gracias por quererme así… por quererme como Samantha.


Sergio se giró con ternura y la besó en los labios.


Sergio: Gracias a ti por decidir ser Samantha y  por elegir quedarte conmigo para siempre.


Ella apoyó la cabeza en su pecho, escuchando los latidos de su corazón. Sergio sonrió, besándole la frente.


Fin

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