La Poción del cambio: De Emiliano a Emily
Emiliano estaba de pie en medio de la sala de la casa de su amigo Tristán, con las manos dentro de los bolsillos de su sudadera mientras su corazón latía con fuerza. Tenía las mejillas visiblemente ruborizadas y una gota de sudor le corría por la sien. Miraba al suelo, avergonzado, mientras Tristán lo observaba con una sonrisa confiada que siempre los metía en problemas.
—Vamos, Emi… solo es una poción para darte más confianza —dijo Tristán, acercándole la botellita de vidrio con el líquido rosa brillante. Te juro que después de esto vas a sentirte… diferente... Muy diferente, diría yo...
Emiliano tragó saliva. Llevaba semanas deprimido por su timidez con las chicas y Tristán le había prometido una “solución mágica”. Con manos temblorosas, tomó la botella, la acercó a sus labios y bebió. El líquido era dulce, pero espeso y sentía como bajaba quemando por su garganta.
Al instante sintió como un calor recorriéndole todo el cuerpo. Sus ojos se abrieron de golpe.
—¿Qué… qué me está pasando? —jadeó Emiliano.
El cambio fue rápido. Su cuerpo se contorsionó. El pecho le creció de forma explosiva, estirando su sudadera hasta casi romperla. Sus caderas se ensancharon, la cintura se estrechó y sus piernas se volvieron suaves y gruesas. Cuando el dolor pasó, Emiliano —ahora podría decirse que Emily— se miró las manos sudorosas y temblorosas, con los ojos abiertos gracias a la impresión y la boca abierta del puro shock.
—¡¿QUÉ CARAJOS ME HICISTE, TRISTÁN?! —gritó Emiliano con una voz aguda y femenina que ni siquiera reconoció.
Tristán sonrió, devorándola con la mirada.
—Bienvenida, Emily. Eres perfecta… exactamente lo que necesitaba. Verás, desde que salí de mi casa para estudiar la universidad mis padres siempre me presionan para que les presente una novia “seria” y ahora más que es mi último año en la uni. Les dije que tenía una chica hermosa y que la llevaría a las vacaciones con la familia. Tú eres esa linda chica. La verdad creo que serás mejor siendo mujer que como hombre, al final, ahora tu ya no tienes que ligar con alguien ya que ahora los hombres vendrán a ti jajaja y mira, lo siento la poción es permanente… pero inténtalo, si no te gusta podemos encontrar alguna solución...
Emily miró en el espejo de la sala su nuevo cuerpo: los pechos enormes que tensaban la tela, las caderas anchas, el culo redondo. Quería gritar, quería correr… pero la verdad es que le daba curiosidad sentir lo que todas esas hermosas chicas sentían cuando alguien como el se les acercaba y lo rechazaban. Y solo por ese pensamiento no reprochó más.
Tristán no le dio mas tiempo. Se subieron a un Uber que los llevo directo al aeropuerto, abordaron y al aterrizar la llevó directo con su familia a un lujoso hotel frente al mar. En la habitación, Tristán le dió una maleta con ropa para usar el fin de semana. Emily se cambió, entre más buscaba ropa que escondiera su figura menos encontraba, decidió ponerse un bikini naranja que le avergonzaba pero era lo menos vulgar. Encontró un un pareo para por lo menos intentar taparse un poco las piernas, al terminar de arreglarse se miró al espejo: el bikini apenas contenía sus pechos y sentía extraña la pantie del mismo, sentía como se le metía entre sus nalgas. Pero el no ver un pene entre sus piernas se sentía extrañamente bien y sinceramente era más sensual y guapa que cualquier mujer que hubiera visto antes.
—Esto es humillante… —susurró Emily, cruzando los brazos por detrás de su espalda—. Todos van a darse cuenta de que… soy… soy un chico, Tristán.
—Eras un chico —corrigió él, abrazándola por detrás y arrimandole su pene contra las nalgas de ella—. Ahora, este fin de semana eres mi novia. Te prometo que vas a disfrutar cada segundo.
Salieron del cuarto y se dirigieron a la playa donde la familia de Tristán ya los estaba esperando. Los padres los recibieron con abrazos y miraron a Emily con sorpresa y aprobación.
—¡Tristán! ¡Qué chica tan hermosa! —exclamó su mamá—. ¡Por fin te conocemos querida Emily!
Emily solo pudo sonreír nerviosamente, con las mejillas rojas como tomates. Tristán ya les había hablado de la perfecta Emily, su novia en su último año de universidad.
Después de un rato de charla incómoda con la familia, Tristán la tomó de la mano y la llevó un poco más lejos, a unos camastros frente al mar.
Allí, Tristán empezó su plan para hacer que Emily sea de verdad su novia.
Sentada en el camastro, Emily todavía intentaba procesar lo que sentía. El bikini se le metía entre las nalgas a la menor provocación, sentía como sus pechos subían y bajaban con cada respiración. Tristán, llegó con dos bebidas, su cuerpo sudado hacia que su buena forma física resaltará más, se sentó a su lado y empezó a coquetear abiertamente.
—¿Ves? Mis papás ya te adoran —susurró, poniendo su mano en el muslo de ella—. Y tú… te ves sedienta, ¿verdad? Pues toma, traje unos tragos para los dos; al final, estás en el todo incluido más lujoso del país, pagado por mi familia.
Emily quiso negarle la bebida, pero el calor era demasiado así que aceptó. Ambos "amigos" comenzaron a platicar entre ellos, Emily preguntaba acerca de su familia y de como es que tienen tanto dinero. Tristán contestaba alardeando acerca de su fortuna pero a la vez le soltaba comentarios como "tu podrías ser heredera de esto conmigo, ¿no te gustaría?" Y eso comenzaba a causar curiosidad en Emily mientras los tragos empezaban a hacer efecto.
Más tarde, cuando la familia se fue a comer y Emily ya contaba con más confianza, se quitó el pareo para mojar un poco sus pies en la alberca del hotel. Todas las personas allí la voltearon a ver, y eso hizo que se sintiera aún más segura. Nunca nadie la había mirado con deseo como esos hombres mayores, ni con envidia como lo hacían las esposas de esos hombres.
Tristán al ver eso la llevó al mar, en donde ambos empezaron a juguetear con el agua, un momento de diversión que sirvió para crear más conexión entre ambos. Tristán no podía creer que el plan hubiera funcionado, no podía apartar la mirada de la bella mujer que estaba con él jugando en el mar hasta que de pronto Emily se tropezó y cayó en los brazos de Tristán; ambos se sonrojaron, pero Emily sonrió —bueno, ¿te gustaría ir a caminar un poco?— dijo con una voz suave y seductora.
Caminando por la playa llegaron a una zona más apartada. Emily se apoyó contra una roca, levantó los brazos y posó para él, sonriendo con una mezcla de vergüenza y emoción. El bikini naranja brillaba bajo el sol, su piel cubierta de gotitas de sudor y agua del mar. Sus pechos enormes se veían aún más grandes en esa pose provocativa.
—Dios… eres simplemente perfecta— dijo Tristán con una sonrisa—. Eres como un ángel.
Emily se mordió el labio sonriendo. Así que así siente una mujer cuando es halagada, es bonito, pensaba Emily, esto tal vez nunca lo hubiera vivido siendo hombre. Ese pensamiento se estaba convirtiendo en algo mucho más peligroso: exitación.
El abrazo accidental en el agua fue el detonante para Emily. Recordó como Tristán la tomó por la cintura y la atrajo contra su pecho musculoso mientras las olas los mecían para protegerla y el como ella rodeó su cuello con los brazos, en ese recuerdo vino a su mente que sintió la erección de él presionando contra su vientre y esto provocó que la vagina de Emily comenzará a reaccionar...
Recargados en la roca, Tristán dio el primer paso, se colocó detrás de Emily y la abrazó haciendo que Emily sintiera nuevamente esa erección pero ahora entre sus nalgas.
—Tristán… esto está mal… yo era… un hombre y... —intentó protestar, pero su voz salió como un gemido.
—Shhh. Ahora eres mi novia —respondió él antes de besarla con fuerza.
El beso bajo la palmera fue intenso. Emily cerró los ojos y se entregó completamente. Las manos de Tristán bajaron por su vientre y metió una mano en el pantie del bikini. El beso seguía cada vez mas intenso y Tristán comenzaba a acariciar la pelvis de Emily provocando que salieran pequeños gemidos de su boca mientras se besaban.
—Nunca creí que diría esto, pero... Puedes— sin darle más tiempo a Emily para hablar, Tristán actuó sin dudarlo. Comenzó a masajear los labios externos de la vagina mientras que con su otra mano masajeaba uno de los enormes pechos provocando que Emily doblará las rodillas soltando un gemido fuerte que inmediatamente tapo con su mano. Tristán sonrió y ahora comenzó a introducir sus dedos en la vagina ya húmeda para luego encontrar el clítoris y comenzar a estimularlo Emily arqueaba la espalda del placer y solo podía pensar en lo rico que se sentía ese estímulo, sin duda era algo que nunca imaginó sentir y cada vez la gustaba más. —Para, tengo una mejor idea y creo te va a gustar— le dijo a Tristán con evidente exitación.
Y entonces llegó el momento que Emily nunca olvidaría. Se giro y se apoyó en la roca hizo a un lado la pantie y sonriendo le pidió a Tristán que lo hiciera ya. Tristán sin dudarlo y dejando llevarse por la calentura la penetró con fuerza desde atrás, sujetándola firmemente por las caderas. Cada embestida hacía que sus enormes tetas rebotaran y que el agua y el sudor corrieran por su espalda arqueada.
—¡Ahh! ¡Tristán! ¡Más fuerte! —gemía Emily sin ninguna vergüenza. Su voz estaba llena de placer—. ¡Me estoy volviendo loca… esto se siente demasiado bien!
Tristán gemia detrás de ella, cogiendola sin piedad.
De pronto Tristán se corrió sin avisar y Emily gritó cuando sintió como el semen caliente la llenaba, entonces, el orgasmo la atravesó, sus paredes internas apretando con fuerza alrededor del pene de Tristán. El placer era tan intenso que las piernas le temblaban.
Cuando terminaron, Emily se derrumbó en la arena, jadeando, con el cuerpo temblando y el bikini completamente desordenado. Miró hacia el mar con una sonrisa exhausta y satisfecha.
Ya no era Emiliano, Era Emily.
Y, por fin, su sueño de ya no ser ignorado se cumplió, no quería volver a ser el tarado de antes.
Tristán se inclinó, la besó el cachete y susurró:
—Parece ser que ya te has aceptado como Emily así que, bienvenida a tu nueva vida, ahora serás mi novia… la pasarás bien, lo tendrás todo, te lo prometo.
Meses después
Habían pasado varios meses desde aquellas vacaciones familiares en la playa y la poción de Tristán lo cambio todo. Emiliano, el chico tímido y avergonzado de antes, había desaparecido por completo. Ahora era Emily: una mujer segura, con una gran figura y completamente enamorada de su nueva vida… y de Tristán.
Esa tarde caminaban juntos por el centro comercial, como cualquier pareja normal. Emily se aferraba al brazo de Tristán como si siempre lo hubiera hecho, su cuerpo curvilíneo pegado al de él. Llevaba un top blanco ajustado que marcaba sus enormes pechos y unos jeans ceñidos que resaltaban sus caderas y su culo perfecto. Los tacones negros altos resonaban con cada paso en el piso brillante del mall.
—Mira, amor —dijo Emily con una sonrisa juguetona, señalando una tienda de lencería elegante—. Necesito más… los que tengo ya casi no me duran contigo. Vamos a comprar unos cuantos.
Tristán sonrió con esa mirada pícara que ella ya conocía muy bien y la guio hacia adentro. Emily paso varios minutos eligiendo: tangas diminutas de encaje, brasieres push-up que apenas contenían sus senos, y varios conjuntos a juego. Emily se probaba algunos en el vestidor y le mandaba fotos a Tristán para que él pudiera apreciar cómo la tela se le clavaba entre las nalgas o cómo el encaje apenas cubría sus pezones. Al final salieron de la tienda con varias bolsas llenas.
De vuelta en casa, la puerta apenas se cerró y Emily ya estaba quitándose la ropa. Tristán se sentó en la cama del dormitorio, esperando con deseo.
—Espera aquí —le dijo ella con una voz seductora—. Quiero que veas el que más me gustó.
Minutos después, Emily salió del vestidor y se detuvo frente a él. Llevaba el conjunto negro de lencería de encaje que habían comprado esa misma tarde: un brasier semi-transparente que apenas contenía sus pechos grandes, y una tanga a juego que se perdía entre sus nalgas. Sonriente se sentó en la cama con elegancia, una mano apoyada en el colchón y la otra acariciando lentamente la curva de su propio pecho. Sus ojos miraban con una lujuria descarada a Tristán, las mejillas sonrojadas y una sonrisa traviesa en los labios.
—¿Te gusta, Tristán? —preguntó con voz baja, mientras se pasaba la lengua por el labio inferior—. Me siento tan… puta con esto puesto.
Tristán tragó saliva, claramente excitado.
—Dios, Emily… te ves increíble.
Ella se inclinó un poco hacia adelante, dejando que sus tetas casi se salieran del brasier, y lo miró directamente a los ojos.
—Entonces… —se le acerco al oído y susurró, con la voz cargada de deseo— ¿qué esperas?
Ven aquí y cógeme de una vez, amor. Quiero que me des duro y quien sabe, tal vez por fin podamos tener un bebé.
Fin














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ResponderEliminarSiendo sincera no soy fan de el gender bender pero me alegra que volvieras
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