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sábado, 15 de marzo de 2025

Nunca olvidaré ese viernes por la tarde cuando mi mejor amigo, Lucas, me llamó con una voz que temblaba de emoción. "Hermano, tienes que venir a casa de mi tía ahora mismo. No te lo vas a creer." No dio más detalles, pero algo en su tono me hizo dejar todo y correr hacia allá. Cuando llegué, toqué la puerta y al entre abrirse lo primero que vi fue a su tía, Carla. Pero no era la Carla que conocía. Llevaba unos jeans ajustados que marcaban cada curva de sus caderas, una blusa negra de manga larga que dejaba entrever la silueta de su figura y que por más que no tuviera un escote sus pechos enormes resaltaban, y su cabello castaño estaba recogido en una trenza que caía con gracia sobre su hombro. Me saludó con una sonrisa traviesa que no le había visto nunca.

—"Qué bueno que llegaste, Erick," dijo con una voz que sonaba... diferente, más juguetona. Me quedé helado. Esa no era la tía Carla de siempre, la mujer seria y reservada que apenas me miraba cuando visitaba a Lucas. Algo estaba pasando.

Ella camino hacia la sala de estar, sus pasos resonando en el piso de madera, y me hizo un gesto para que la siguiera hasta el salón. La seguí, hipnotizado por el balanceo de sus caderas. Cuando llegamos, se giró hacia mí y, sin mediar palabra, empezó a desabrocharse los jeans. Mis ojos se abrieron como platos.



— "¿Qué te parece esto, eh?" —dijo con una risita mientras bajaba lentamente el pantalón, revelando unas bragas rojas tipo cachetero que abrazaban su trasero de una forma que casi me hace perder el aliento. La tela estaba ligeramente húmeda, y el aire se llenó de una tensión que podía cortarse con cuchillo.

— "Carla... ¿qué estás haciendo?" —balbuceé, mi corazón latiendo tan fuerte que apenas podía pensar.



— "Shh, solo mira," —respondió ella, dejando caer los jeans hasta la mitad de sus piernas. Se irguió frente a mí, con las manos entrelazadas delante de su cuerpo, su rostro sonrojado y una expresión que mezclaba timidez y deseo. Su trasero era una obra de arte, redondeado y firme, resaltado por esa lencería que parecía gritar provocación. No podía apartar la mirada.

Entonces, algo hizo clic en mi cabeza. Esa manera de hablar, esa risa... No era Carla. Era Lucas. De alguna forma, mi mejor amigo estaba dentro del cuerpo de su tía, y ahora estaba aquí, frente a mí, jugando conmigo de una manera que nunca imaginé.



— "¿Lucas? ¿Eres tú?" —pregunté, mi voz temblando entre incredulidad y excitación.

Ella —o él— soltó una carcajada suave. — "Claro que soy yo, idiota. ¿Qué te parece mi nuevo look? Decidí probar algo diferente hoy."

Antes de que pudiera procesarlo, se acercó más, su cuerpo a centímetros del mío. — "¿Sabes? Este cuerpo se siente increíble. Y quiero que lo disfrutes conmigo." No esperó mi respuesta. Se dio la vuelta, apoyándose en el sofá, y con un movimiento rápido apartó la tela de su pantie a un lado, mirándome por encima del hombro con esos ojos que ahora eran de Carla, pero con la chispa de Lucas.

— "Vamos, Erick, no me hagas esperar," —susurró.

No sé qué me poseyó, pero mis manos encontraron sus caderas, y pronto estaba detrás de ella, perdido en la mezcla de lo prohibido y lo irresistible. La blusa no podía detener el rebotar de sus pechos por cada embestida que le daba, el calor de su piel contra la mía, el roce de la lencería roja contra mis dedos. Sus gemidos eran suaves, casi como si estuviera descubriendo cada sensación por primera vez, y eso solo me encendía más.


Después de un rato, exhaustos, nos desplomamos en el sofá. Pensé que todo había terminado, pero a la mañana siguiente desperté con una sensación cálida y pesada sobre mí. Abrí los ojos y ahí estaba ella —o él—, montada sobre mí, con esa misma sonrisa traviesa y sus manos descansaban en mi pecho.

— "¿Qué tal un segundo round, amigo?" —dijo, inclinándose hacia mí, su trenza rozando mi cara. — "Este cuerpo tiene mucha energía para gastar."

Y así, supe que ese día no sería el final, sino apenas el comienzo.



jueves, 13 de marzo de 2025

 Todo comenzó como un accidente, un giro inesperado del destino y que nosotros nunca imaginamos que podría pasar. Hace meses, una máquina experimental de la compañía científica para la que trabajamos falló —o quizás funcionó demasiado bien— e intercambió nuestros cuerpos. Yo desperté en el cuerpo de Valeria: cabello pelirrojo largo, pechos grandes, curvas suaves y glúteos redondos. Ella, en el mío: un hombre alto, más fuerte, con mi piel áspera. Al principio fue un shock total, un caos de emociones mientras buscábamos una solución. Pero cuando nos confirmaron que era irreversible, nos miramos con lágrimas en los ojos y manos entrelazadas.

—¿Qué hacemos ahora? —preguntó Valeria, su voz temblando en mi antiguo cuerpo.—Nos amamos, ¿no? —respondí, acariciando sus dedos con las manos que ahora eran mías—. Esto no tiene que ser el fin. Puede ser un nuevo comienzo amor.

Ese momento lo cambió todo. Nuestro amor era más grande que nuestros cuerpos, más fuerte que el miedo de sentiamos. Decidimos no solo aceptar esta nueva vida, sino hacerla nuestra. Valeria, ahora se llama sofia y eligió transicionar en mi antiguo cuerpo: con hormonas, su propia voluntady alguna que otra intervención quirúrgica lo transformó en una mujer trans espectacular —pechos más grandes que los míos, figura femenina de infarto, pelo negro corto y su miembro, el que alguna vez fuera el mío, lo dejo intacto por que decía que no estaría mal saber el placer masculino a pesar de ser una mujer trans. Yo abracé su identidad como Valeria y su cuerpo como mío, deleitándome en mi feminidad: mis curvas, mi cabello pelirrojo, mi piel suave. Nos mirábamos y nos veíamos perfectas, no por lo que fuimos, sino por lo que elegimos ser juntas.

El sol entraba por las cortinas, tiñendo de dorado mi cabello pelirrojo extendido sobre la almohada. Me levanté y me puse un conjunto de ropa interior rojo: el encaje abrazaba mis pechos grandes, mi cintura estrecha y mis glúteos redondos, haciéndome sentir sensual. Frente al espejo, Valeria se ajustaba un conjunto azul que resaltaba su figura. El sostén realzaba sus pechos —evidentemente más grandes que los míos—, y la panti hacia que se le marcara su miembro contrastando con sus curvas femeninas.

—Ese rojo te queda increíble, Valeria —dijo con una sonrisa traviesa, acercándose con pasos lentos.—Y a ti ese azul… no sé dónde mirar primero —respondí, rozando el encaje de su sostén mientras veía su bulto.


Ella me tomó por la cintura, sus manos firmes deslizándose por mis glúteos. —No tienes que elegir —susurró, besando mi cuello con sus labios cálidos—. Puedo dartelo todo.

El deseo creció rápido. Me coloco en 4 al borde de la cama, Sofía se arrodilló frente a mí. Apartó mi ropa interior roja y separó mi trasero. —Eres tan hermosa de aquí —murmuró, sentía su aliento cálido contra mi vagina antes de que su lengua me tocara. Empezó lenta, luego más intensa, y un gemido se me escapó mientras mis manos se enredaban en la sabana.—Sofia… —jadeé, mis caderas moviéndose con ella hasta que el placer me arqueó en un increíble orgasmo.


Recuperé el aliento y la vi ponerse de pie, su miembro marcado bajo el azul de su ropa interior. —Mi turno —dije con una sonrisa, la senté en la cama y me arrodillé. Aparte la tela de su panty y deje salir lo que alguna vez fue mío, lo tomé con cuidado, mi lengua rozándo su pene, primero chupe suave, luego más profundo. Ella gimió, sus manos en mi cabello pelirrojo.—Valeria… eso es… —susurró, su voz ronca, hasta que su cuerpo tembló en un clímax intenso.


El fuego seguía encendido. Nos quitamos las pantys y caímos en la cama. Nuestros labios se encontraron en un beso profundo, sus manos explorando mis pechos, mis dedos trazando sus curvas. —Te deseo tanto —murmuré, acariciando sus pezones sensibles.—Y yo a ti, mi reina —respondió ella, su voz ronca mientras me ponía en 4 y se colocaba entre mis piernas.

Cuando entró en mí, el placer fue eléctrico. Mis deseos se sujetaron fuerte a las sábanas , mis caderas moviendose a su ritmo. —Valeria… —jadeó ella, sus pechos rozando mi espalda, nuestras respiraciones mezclándose hasta que el mundo se desvaneció en calor y éxtasis.


Caí sobre las sábanas con un suspiro, mi cabello pelirrojo extendiéndose por la cama, la vi quitarse el brasier con una lentitud deliberada, dejando al descubierto su torso esculpido y esos pechos que me volvían loca. Así que yo hice lo mismo.

Sofía se volvió a color por detrás de mi y s

In decir nada comenzó a darme más rápido y más duro, cada embestida suya era como si me elevará a la gloria. Gemido tras gemido pedía más de ella y Sofía me lo cumplía.


Sofia se recostó en la cama y monto en ella, sus manos explorando cada centímetro de mi cuerpo mientras yo movía mi cadera para seguir sintiendo como su pene me penetraba. —Mírate —susurró, su mirada recorriendo mis pechos grandes, mi cintura estrecha, mis muslos temblorosos—. Eres perfecta. 


—Y tú… —dije, alcanzándola para atraerla hacia mí. Nuestros cuerpos se entrelazaron, piel contra piel, pecho con pecho La guié con mis manos a mi cintura, mi respiración acelerándose mientras ella se acomodaba entre mis piernas. Volvió a entrar en mi, el placer volvió a ser instantáneo, un placer que me saco un fuerte gemido. 

—Que rico Valeria… —jadeó ella, moviéndose con un ritmo que conocía tan bien, pero que ahora sentía desde el otro lado. Mis uñas se clavaron en su espalda, mis piernas abriéndose cada vez mas para que cada embestida sea más profunda. El mundo se desvaneció, dejando solo el calor de nuestros cuerpos, el roce de sus pechos contra los míos, el sonido de nuestras respiraciones entrecortadas. Sentí como su semen comenzó a llenarme y eso me hizo llegar al climax también, seguido escuches sus gemidos provenientes del orgasmo que acababa de sentir Sofía.


Después, yacimos juntas, sudorosas y satisfechas. Su cabeza descansaba en la mia, su mano en su vientre. —Pronto seremos tres —susurró, sonriendo al pensar en nuestro hijo.—Y seremos la familia más hermosa —respondí, besando su frente con ternura.

Nos quedamos así, envueltas en amor y deseo, sabiendo que este intercambio nos había dado una vida increible.



martes, 11 de marzo de 2025

Historias del gran cambio: Sofía

 El Gran Cambio

El mundo nunca volvió a ser el mismo después del Gran Cambio. Nadie entendía cómo había sucedido: almas que salían de sus cuerpos, depositadas en unos nuevos sin previo aviso. Para mí al principio fue complicado pero, pude adaptarme y disfrutar de lo que el gran cambio me brindó. Yo, Antonio, un viudo de 50 años que vivía en la monotonía de una casa silenciosa, el gran cambio llegó en una noche despejada. Mi hija, Sofía, de 21 años, guapa, increíble cuerpo, recién graduada de la universidad, era mi único consuelo tras la muerte de mi esposa, su madre. Su risa llenaba los rincones vacíos de la casa y su energía juvenil me mantenía anclado a esta vida. Hasta esa noche.

Estaba en la sala, con una copa de whisky en la mano, el hielo tintineando contra el cristal mientras miraba la televisión sin prestar atención. El sonido de pasos en la escalera me hizo girar la cabeza. Allí estaba ella, o eso pensé al principio. Llevaba la pijama que usaba normalmente para estás épocas de calor: un short rosa tan corto que dejaba poco a la imaginación y una blusa blanca de manga larga, tela delgada que se transparenta y tenía un escote pronunciado, la blusa se ceñía a sus curvas de una manera que nunca había notado antes. Pero note que algo estaba mal mientras bajaba la escalera. Sus movimientos eran distintos, más lentos, más deliberados. Cuando se detuvo frente a mí, puso su mano en su cintura y me miró con unos ojos que no reconocía.


—Sé que esto te va a sonar loco, papá? Supongo —dijo, su voz era la de Sofía, pero el tono tenía una cadencia extraña, casi burlona—. No soy tu hija. Mi nombre es Marcos. Y creo que podemos llegar a un acuerdo que nos beneficie a los dos. De fondo sonoban las noticias y comenzaban a anunciar lo que estaba sucediendo gracias al gran cambio.

El whisky casi se derrama de mi mano. La miré fijamente, buscando algún rastro de broma, algún indicio de que esto era una broma. Pero ella —o él— se dii media vuelta, dejando ver su voluptuosa cadera,nel short se deslizaba un poco más arriba, exponiendo la piel tersa de sus piernas.


—¿Qué estás diciendo? —logré balbucear, mi mente atrapada entre la incredulidad y una creciente incomodidad.

—Escucha antes de juzgar —respondió. Sus dedos jugaban con su pelo—. El Gran Cambio me puso en este cuerpo. Y no voy a mentir, estoy fascinado. Sofía tiene… un cuerpo increíble. Curvas deliciosas, grandes pechos, un trasero increíble, una piel suave que poder que un hombre la posea. Y tú, eres un hombre solo, viudo, con años de deseo reprimido… Sé que lo has notado, aunque no quieras admitirlo, seguramente no pides apartar la mirada del culo de tu princesita.

—Esto es una locura. ¡Eres mi hija! —exclamé, levantándome del sillón, pero ella se acercó más a mi, deteniéndome con una mirada intensa.

—No soy Sofía —susurró en mi oido, tan cerca que podía oler el delicioso perfume que mi hija siempre usaba—. Soy Marcos. Un hombre de 40 años con ciertas… fantasías. Y te hago una oferta: déjame ser Sofía para el mundo. Nadie tiene que saber la verdad. Pero aquí, en esta casa, puedo ser lo que tú quieras. Piénsalo. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que una mujer te tocó? ¿Desde que perdiste el control teniendo sexo en la cama?

No supe qué responder. Mi mente gritaba que esto estaba mal, pero mi cuerpo reaccionó de otra manera, comencé a tener pensamientos en dónde yo estaba penetrando a Sofía mientras ella gemia, mi pene evidentemente comenzaba a tener una erección involuntaria y de pronto ella comenzó a quitarse la blusa mientras se daba la media vuelta. La dejó caer al suelo junto con su shorts con una elegancia que me hipnotizó, revelando un conjunto de ropa interior negro: un bra que abrazaba sus pechos y una tanga diminuta que apenas cubría lo esencial. Mi respiración se aceleró. Intenté apartar la mirada, pero sus ojos me tenían hipnotizado.


—Sof... Marcos, para… —dije, pero mi voz tembló, traicionándome.

Ella sonrió, una sonrisa que no era de Sofía, y se arrodilló frente a mí. Sus manos subieron por mis piernas, lentas, seguras, mientras sus ojos me mantenían atrapado.

—No digas nada —murmuró, sentía su aliento cálido rozándo mi pene—. Solo déjame hacer esto. Te lo mereces, has Sido un increíble papi conmigo.


Lo que vino después fue una avalancha de sensaciones que no pude detener. Sus labios, su lengua, la forma en que me chupaba el pene era increíble, cuando volteaba abajo veía la carita de mi nena pero ella me veía de una forma tan laciva que me llevó al borde del climax con una facilidad que me dejó sin aliento. —mmmm Sofia para, voy a pfff—senti como comencé a venirme, pero Sofía la saco de su boca justo a tiempo y toda su cara quedó llena de mi semen... El semen de dónde ella había salido. Al parecer ya no había vuelta atrás.


Se levantó del piso y luego, apartó la tanga con un movimiento sutil y se sentó sobre mí. Su gemido resonó en la sala, profundo, excitante, mientras se movía con una mezcla de urgencia y control. Me perdí en el calor de su vagina, en la manera en que sus caderas se movían buscando que mi pene la penetrara más a fondo. Tenía gran tiempo sin sentir esto con una mujer, solo mi esposa y ahora era Sofía... o más bien, el cuerpo de sofia la que me estaba brindando un placer que no recordaba haber sentido en mucho tiempo.


Sentí como comencé a llenar su vagina, nuevamente había terminado y cada vez me sentía más sucio por hacer esto con Sofía. Terminé exhausto y jadeante, ella me miró con una satisfacción casi triunfal.

—Descansa un poco —dijo, levantándose con gracia—. Voy a darme un baño en la regadera.


Caí en un sueño ligero, aturdido por lo que acababa de pasar, imaginaba a Sofía en mi cama gimiendo y pidiendo por más, gritaba papi repetidamente y de pronto el sonido del agua corriendo me despertó minutos después. Subí y la encontré en la ducha tocandose, mientras el vapor empañando el cristal, su silueta desnuda bajo el chorro. Me miró por encima del hombro y sonrió.


—¿Ya lo aceptaste? —preguntó, su voz suave pero cargada de excitación—. No soy Sofía. Soy Marcos. Y el que me este cogiendo puede ser nuestro pequeño secreto, aparentemos que sigo siendo Sofía pero, aquí, en la casa puedo ser tu perra, ¿que dices? ¿No quieres tener este lindo trasero en tu cama? La decisión estaba tomada.


Entré en la ducha sin pensarlo dos veces y comencé a besarla. El agua caliente caía sobre nosotros mientras mis manos exploraban su piel. La tomé con fuerza de su trasero, aceptando que esa figura frente a mí ya no era mi hija, sino Marcos, ella comenzó a tocar mi pene mientras yo chupaba su senos, eso despertaba un deseo dentro de mi algo oscuro pero Sofía era irresistible.


Fue intenso, apasionado, un encuentro que nos llevó al límite una y otra vez. La forma en la que su vagina apretaba mi pene era simplemente delicioso, jamás una mujer me había hecho sentir de esa forma ni siquiera mi esposa y sabía que este sentimiento estaba mal pero, si ella ya no es Sofía, ¿Por qué negarme a hacerla mía? Sus gemidos, el sonido de su trasero chocando con mis muslos por la intensidad del momento, me pedía más y más, y gemia más y más fuerte cada vez. Hasta que comencé a venirme dentro de ella pero me pidió que soportará y así lo hice, ella me recostó en la regadera y me montó... La mejor sensación de mi vida, me corrí sin parar dentro de la vagina de la fue mi hija hasta llenarla.


Cuando terminé, me levanté, ella se giró con el rostro empapado comenzó y sin pensarlo más comenzó a lamer mi pene, sinceramente ya estaba al límite pero quien era yo para negarme a esas deliciosas mamadas que me daba, una carga salió más de mi y l cara de Sofi una vez más quedó llena de mi semen. Impresionante para un señor de 50 años.


El agua siguió corriendo por sus mejillas, y me miró con una mezcla de placer y dulzura.

—Me gusta esto—susurró,sonriendo—. Hazme tuya cuando quieras papi.

Los días siguientes fueron un torbellino. Frente al mundo, ella seguía siendo Sofía: mi hija dulce y encantadora, la joven recién graduada que saludaba a los vecinos con una sonrisa y asistía a reuniones familiares con la misma inocencia de siempre. Decidimos esto para no hacer más tema y para nuestra sorpresa, la familia nunca se dió cuenta, yo le expliqué la vida que tenía mi hija y como aparentar ser ella. Pero en casa, en la intimidad, Sofía se volvía Marcos. Cada noche llegaba a mi habitación con algo provocador: una camiseta ajustada sin nada debajo, un babydoll trasparente que dejaba ver cada línea de su cuerpo, o simplemente con una tanga y el pecho desnudo, con esa sonrisa que prometía placer.

—¿Qué quieres esta noche? —me preguntó una vez, recostada en mi cama, una pierna doblada para mostrarme lo que ya sabía que era mío.

—Todo —respondí, mi voz ronca, mientras me acercaba a ella.

Ella rio, un sonido bajo y sensual. —Entonces ven y tómalo. No me voy a resistir.

Y no lo hacía. Cada encuentro eraincreíble, los gemidos llenaban el silencio de la casa. A veces era tierno, como si fueramos algo más que solo amantes. Otras veces era salvaje, como si el mundo fuera a acabarse y solo nos tuviéramos el uno al otro. Me sorprendía la facilidad con la que me había adaptado a esta nueva realidad, cómo el peso de la culpa se desvanecía con cada caricia, cada mirada.

Una noche, después de horas de pasión, nos quedamos tendidos en la cama, sudorosos y exhaustos. Ella —Marcos— apoyó la cabeza en mi pecho, trazando círculos con sus dedos sobre mi piel. 

—¿Alguna vez pensaste en algo así antes del Cambio? —preguntó, su voz más seria de lo habitual.

—No —admití, mirando el techo—. Pero ahora… no puedo imaginarme sin esto.

Ella levantó la cabeza, sus ojos brillando en la penumbra. —¿Sin mí, quieres decir?

—Sin esto —corregí, aunque ambos sabíamos que era lo mismo—. Has cambiado todo.

—Y tú me has dado un propósito —respondió, antes de besarme con una intensidad que reavivó el fuego entre nosotros.

El Gran Cambio no solo había alterado cuerpos; había reescrito deseos, límites, identidades. Frente a la sociedad, ella era Sofía, la hija perfecta que llevaba flores a la tumba de su madre y planeaba un futuro brillante. Pero en casa, en las sombras de nuestra vida compartida, era Marcos: mi amante, mi puta, mi todo. Y mientras el mundo seguía girando, ajeno a nuestro secreto, yo me hundía más en esa dualidad, sabiendo que nunca volvería atrás.


Fin.


Hay cosas historias que les debo, espero no tardar en publicarlas. Disfruten está historia 🤟🏼

martes, 21 de enero de 2025

La venganza de Don Luis.

 En un pequeño pueblo, un hombre mayor conocido como Don Luis había perdido todo lo que amaba debido a un conflicto con la familia de una joven, Laura. Consumido por la venganza, Don Luis encontró un hechizo en un antiguo libro que prometía no solo venganza, sino también una nueva vida en la piel de otra persona.


La noche del solsticio, bajo una luna llena que bañaba el mundo en un manto de misterio y magia, Don Luis, en un claro del bosque realizó el ritual. Su cuerpo temblaba por la anticipación del cambio y su objetivo era claro: poseer el cuerpo de Laura y vivir la vida que había perdido.


El hechizo funcionó; Don Luis sintió cómo su conciencia se deslizaba fuera de su cuerpo, entrando en el de Laura. Despertó en su nueva forma, experimentando por primera vez la suavidad del encaje contra su piel, el peso de sus pechos, la curva delicada de su cintura. Cada sensación era una revelación, desde el roce del viento hasta el calor entre sus piernas, ahora húmedo y sensible, el aroma de su propio deseo llenando el aire. "Debería? ... Por supuesto que debería, al diablo, ahora este es mi cuerpo" se dijo don Luis después de observar su nueva vagina y comenzar a masturbarse por la excitación que le daba observarla. 


Don Luis comenzó a experimentar las nuevas sensaciones que le traía el ser mujer, sentía como sus pezones se erectaban al más mínimo contacto, como palpitaba su vagina y apretaba sus dedos en cada ocasión que los metía, "ah que bien se siente esto! Y lo mejor es que estoy dentro del cuerpo de la señorita perfección y eso me hace gozarlo aún más." El tiempo voló y don Luis se quedó dormido de tanta excitación.


Laura estaba casada con Pablo el era conocido por su carisma y presencia imponente, era un poco más mayor que Laura pero eso no impedía que Pablo le demostrara su gran amor por ella. Pablo no tenía idea de la verdadera identidad que ahora habitaba el cuerpo de su esposa. 


Al despertar en su nueva casa, Don Luis se levantó con un ligero dolor de cabeza, se comenzó a dar cuenta que los recuerdos de Laura estaban llegando a su mente, rápidamente se levanto y se puso a explorar con asombro todo el armario de Laura para poder vestirse ya que había recordado que Pablo no tardaba en regresar a la casa. Comenzó a ponerse la ropa interior, la sensualidad de Laura frente al espejo era indescriptible, la sedosidad de su cabello, su enorme busto y su gran culo sea veían increíbles en la lencería que Don Luis había elegido para recibir a Pablo.


Pablo sin sospechar nada, no percibió las sutiles diferencias que había en su esposa, "cómo estás linda?" Pregunto Pablo, "increíble querido, como te fue?" Respondió Laura, "veo que estás de buen humor jaja, es raro que sea así" Pablo respondio con un sonrisa. Don Luis no lo sabía pero Laura era una mujer simplemente interesada en la fortuna de Pablo y está siempre lo trataba con desprecio, incluso en la intimidad pero ahora, Laura ya no es ella.


"Esa es una de mis camisas amor" don Luis se sonrojo y respondió "ah sí... Es que por las prisas me la puse para poder recibirte, pero no te gusta como me arreglé para ti?" Pablo asintió con la cabeza y respondió "claro, es raro que te maquilles, creo por eso no te dió tiempo jaja." Don Luis se levantó del sillón, el quería corroborar que el sexo como mujer era mil veces mejor que siendo hombre. "También me puse esto", don Luis abrió la camisa y enseñó un lindo brasier de encaje, acto seguido se dió la media vuelta, se bajó el pantalón y mostró la tanga que hacía el conjunto completo "te gusta?" Pablo estaba asombrado, su esposa nunca lo había recibido así pero, eso es algo que le excitó, "por supuesto que me gusta, es más, me encanta. Se te ve increíble el culo mi amor" don Luis se limitó a sonreír ya que sentía algo extraño, ese comentario le gustó y mucho.


Luis se hinco frente a Pablo y pensó, que haría una verdadera mujer aquí? Pensó en los múltiples encuentro que había tenido con las prostitutas del barrio y comenzó a desabrochar el pantalón de Pablo notando que su pene ya estaba erecto, "wow, al parecer tienes muchas ganas amor" comento Pablo, Luis simplemente sonrió y siguió concentrado en lo que estába a punto de hacer. Pero Pablo lo detuvo, levantó a Luis y le bajó el brasier "pero antes de que me la chupes, deja te chupo esas deliciosas tetas Laura" Luis, un poco aliviado por qué aún no debe chupar un pene se dejó llevar por la gran sensación que le estaba brindando que lamieran sus pezones, "ah, eso sin duda se siente increíble Pablo, no pares..." 


"Es tu turno ", Pablo se levantó del sillón y comenzó a desvestirse dejando ver así su increíble estado físico a pesar de su edad, Luis sabía lo que ahora tenía que hacer, trago saliva y tomo con una mano el pene que estaba frente a el, "espero te guste cariño" dijo Luis con una voz seductora, el sabía que para poder tomar la vida de Laura debía comenzar por esto. Abrió la boca e introdujo el pene, para su gran sorpresa el sabor no le desagradó, más bien, le comenzó a gustar y empezó a hacer movimientos con su lengua, justo como las prostitutas lo hacían con el, "oh si así Laura que rico me la estás mamando mi amor" Luis, como si eso fuera una motivación comenzó a chupar con más fuerza hasta que Pablo pidió que parará, " para! Vas a hacer que me venga antes y no, tengo que aprovechar este momento. Acuéstate en el sillón" Luis sonrió y se fue a recostar.


Pablo se acercó y le abrió las piernas "no sabes cuánto extrañe lamerte ahí Laurita" Pablo comenzó a lamer la vagina de Luis y este simplemente comenzó a pensar lo delicioso que esto se sentía, era mucho mejor que una mamada de una puta, era simplemente intenso, sentía como su clítoris se ponía duro y como el Interior de su vagina pedía ser cogida, "ah ah Pablo que rico Pablo." Luis sintió como Pablo paró, abrió sus ojos y vio a Pablo frente a el, "es momento cariño" este comenzó a ingresar su pene en Luis haciendolo gemir "aaaaah! Mmmm si Pablo" Luis no podía dejar de pensar en lo rico que es tener una vagina y ser ahora el el penetrado, " dame duro papi, soy tu puta" le dijo Luis a Pablo.


Pablo, gemia y bufaba con su voz profunda que resonaba en toda la sala, "pffff que rico se siente estar dentro de ti Laurita" comenzaba a explorar con sus manos el cuerpo de "Laura" con una delicadeza que contrastaba con su fuerza mientras la movía en diferentes posiciones. Luis, ahora en el cuerpo de Laura, se deleitaba cada vez que era penetrado, con cada beso que encendía su nueva piel. Sin dudas la sensualidad de este momento con Pablo era un descubrimiento, desde la manera en que su pene penetraban la vagina de Laura, hasta cómo su lengua exploraba su nuevo cuerpo y labios con cada beso saboreando cada gota de su excitación, "que rico es montar tu verga mi amor, me encanta" decía Luis con notoria excitación en su voz.


Luis sentía cómo el cuerpo de Laura respondía a cada embestida; sus pezones endureciéndose bajo los labios de Pablo, su respiración acelerándose con cada susurro ardiente en su oído. La sensación del pene de Pablo entrando en ella, llenándola, era un gran placer para Luis, sintiendo cómo su vagina se dilataba para recibirlo, cómo sus músculos se contraían alrededor de él, cómo el placer se acumulaba hasta que los orgasmos la sacudían, sus gemidos resonando en la habitación, el sudor cubriendo sus cuerpos entrelazados "Ponte en 4 linda, quiero ver ese culo tuyo empinado para acabar." Luis hizo caso sin chistar, se colo en 4 y empezó a sentir como ese enorme pene la comenzaba a penetran haciendo que Luis viniera tan duro que se escuchó en toda la casa "aaaaah! Que rrrico" Pablo comenzó a embestir el enorme culo de "Laura." Una y otra vez, cada vez más fuerte y los gemidos eran cada vez mayores.


Luis se encontraba enredado en una complejidad emocional sin precedentes. La venganza hacia Laura había dado paso a una exploración sexual que nunca había imaginado, donde cada susurro de Pablo, cada movimiento lento y deliberado, era una lección sobre el deseo que siempre ha tenido pero con un pequeño giro de tuerca. Sin dudas está había Sido su mejor venganza en contra de la perra de Laura.

"Quieres chuparmela antes de que me venga?" Luis asintió con la cabeza y comenzó a mamarsela a Pablo hasta que sintió como todo ese semen le lleno la boca "esto fue increíble, no lo crees Pablo?" Dijo Luis sonriendo por todo el placer que acababa de experimentar.


La historia termina con Luis, ahora viviendo como Laura, sumergido en una espiral de sensualidad y deseo, encontrando en los brazos de Pablo, sin que nadie en el pueblo jamás descubriera el oscuro secreto detrás de los ojos de "Laura", Don Luis vivió una vida de placeres y sensaciones que redefinieron su existencia.


FIN.


bueno, espero les haya gustado está historia. La historia de año nuevo, vida nueva va a continuar solo que la sigo escribiendo.

domingo, 5 de enero de 2025

Nuevo año, nueva vida 5

Capítulo 5: El Primer Encuentro con James

Después de la íntima exploración personal, Arthur/Sophia se encontraba en un estado de calma y descubrimiento, pero el eco de la fiesta de Año Nuevo y el beso de James aún resonaban en su mente. La puerta se abrió lentamente, y allí estaba un James que venía visiblemente más ebrio, su expresión mezclaba deseo con una ternura que Arthur nunca había experimentado desde este lado del amor. Al parecer las negociaciones habías salido bien y fue motivo para tomar aún más con su "suegro" para celebrar la ocasión.


James vio el cuerpo desnudo de Sophia, se acercó y "quiero cogerte," susurró James, su voz cargada de pasión que hizo que el corazón de Arthur/Sophia latiera con fuerza. La delicadeza con la que James empezó a tocar a 'Sophia' sorprendió a Arthur; era como si estuviera desvelando un arte precioso, cada movimiento cargado de deseo.


"Cógeme, James," dijo Arthur/Sophia, su voz un susurro lleno de anticipación. Cuando sus labios se encontraron, el mundo exterior desapareció, dejando solo el calor de su aliento y el sabor del alcohol de la celebración mezclado con su deseo. El beso fue profundo, exploratorio, un preludio de lo que vendría.


James tomó su tiempo, sus labios recorriendo desde la boca de 'Sophia' hasta sus pechos, besos que encendían la piel y la vagina de Arthur/Sophia. Con cada caricia y cada beso en los senos que James le daba a Arthur se encendía más y más, esto era una nueva lección sobre el placer, sobre ser deseado y sobre como se siente ser mujer. "Oh, Dios," gimió Arthur, James estaba provocando sensaciones que llevaron a Arthur a un éxtasis desconocido sin siquiera haber tocado su nueva vagina.


"Pues de alguna forma debo pagarte el placer que me estás haciendo sentir, no crees?" Arthur comenzó a hincarse frente a James, este tomo el cabello dejando que Sophia haga lo suyo. Primero tomo con su delicada mano la gran verga que estaba frente a el, después la colo entre sus dos grandes pechos y comenzó a estimular ese miembro enorme con ellos. 


La boca Arthur se abrió y este sin dudarlo comenzó a chupar el pene de James, Arthur estaba experimentado algo que jamás imaginó que podría suceder. La idea de chupar el pene de un hombre era algo que jamás imaginó, pero ahora, ahora era Sophia y lo que estaba haciendo era algo totalmente normal ya que James eres su futuro esposo.


"Mmm esos es Sophi, solo tu la mamas... así de rico..." Arthur sonrió "que sucede? Acaso no soy ella? Jaja" James simplemente sonrio y se dejó llevar ya que Sophia comenzó a chupar más y más rápido su verga. De pronto Arthur sintió como su boca se comenzó a llenar, James se había corrido en su boca y eso fue algo que le excitó a Arthur que sacó lentamente el pene de su boca y el semen cohorreo hasta sus senos "wow, eso sí que fue bastante semen James."


El momento llegó, Arthur se recostó en el sofá, abrió sus piernas "bueno James, enséñame por qué Sophia moría por ti jaja" en un acto de lujuria James agarro su miembro y comenzó a introducir lentamente en esa vagina que conocía bien pero, pero ahora había otra persona dentro de es cuerpo. "Aaaay uuuuf, se siente... se siente muy rico cuando le metes James" Arthur comenzó a sentir como lentamente era penetrado por James, quien con una habilidad que solo podría pertenecer a alguien que conocía y amaba a Sophia, comenzó a mover su cadera haciendo que Arthur comenzar a gemir más y mas.


Sin darse cuenta Arthur/Sophia se encontró en cuatro suplicando por más, cada empuje de James enseñándole sobre el placer desde una perspectiva completamente nueva. La sensación de ser penetrado, de ser dominado y movido a placer, era una experiencia tan diferente a todo lo que había conocido antes. "MAAAAS! DAME MAAAS! Que rico lo haces James" a James le gustaba lo que escuchaba ya que Sophia a pesar de ser una mujer escultural el sexo nunca fue su fuerte. Claro que le gustaba pero siempre fue muy tímida y reservada cosa que con Arthur o estaba sucediendo, Arthur le estaba brindando los gemidos que siempre quiso escuchar salir de Sophia y eso provocaba que James intentará hacerlo cada vez mas fuerte y mejor.


Arthur arrojo a la cama a James y lo monto, introdujo con una maestría el pene de Arthur que lo dejo sorprendido. Comenzó a mover sus grandes caderas como si siempre lo hubiera hecho, "te gusta? Esto lo hacía increíble mi esposa jaja" James respondió "Sigue PUTA!." Su cuerpo respondía con una intensidad que lo sorprendió, culminando en un orgasmo que los dejó a ambos temblando, sus cuerpos se unieron en un momento de puro éxtasis.


"Esto es solo el comienzo," susurró James, besando la frente de 'Sophia'. Para Arthur, ahora en este cuerpo, cada caricia, cada momento de pasión había sido una afirmación de su nueva vida, de su nueva identidad. Este primer encuentro no solo fue un acto de amor y deseo, sino una puerta abierta hacia un futuro donde cada día sería una nueva exploración de lo que significa amar y ser amado en este cuerpo.